Hoy es el día. Adiós a todo de nuevo, pero con una diferencia, cuando vuelva, me estará esperando en el aeropuerto. ¿Cómo se tomará Carla mi decisión? No lo se… Pero ahora mismo iré a hablar con ella, no puedo irme sin antes haber dejado las cosas claras con ella.
- Carla, tengo que hablar contigo.
- Si vas a despedirte, por favor, aún no lo hagas.
- No, no es eso. Sólo necesito que me prometas una cosa. Nunca, por muchas cosas que pasen, olvides que te quiero. Que más que mi sobrina, eres mi hermana. Formas parte de mi ¿sabes?
- Te lo prometo.
- Verás, hace ya mucho tiempo, conocí a una persona, con la que estuve saliendo. Nunca te conté nada porque ya sabes como soy, no me gusta hablar de mis cosas y, bueno, cuando yo me fui, ambos lo pasamos muy mal. Pero la vida nos dio una segunda oportunidad. Y nos queremos. Nos queremos tanto que a veces duele.
- ¿Le conozco? – Parecía muy emocionada.
- Sí, y esta es la parte que menos te va a gustar. Él es… Bueno, el es Raúl.
- ¿Pe…?
- Lo se, tenía que habértelo dicho antes, pero compréndeme, jamás me podía imaginar que te iba a gustar un chico tan mayor.
- ¿Vas a seguir con él a pasar de que yo también le quiero?
- No es algo que yo pueda controlar. No puedo irme así otra vez. Entiéndeme por favor.
- ¿Por qué él nunca me lo dijo? Me había hablado de otra chica, de alguien por quien había sufrido mucho, pero pensé que ya lo había olvidado, creía que tenía una oportunidad con él.
- Te juro que lo siento, y que si las cosas fuesen de otra manera, haría todo lo que estuviese en mi mano para que no sufrieras, pero no puedo luchar contra esto, te juro que no puedo.
- Está bien. No puedo recriminarte nada. No esperes que te apoye, ni que te diga que no me importa. Me gustaba de verdad ¿sabes? Pensé que por fin podría vivir una bonita historia. Pero si de verdad os queréis, no tengo nada que hacer. Eres como mi hermana, no quiero perderte.
- Gracias Carla. Te prometo que va a llegar esa persona. Eres increíble, es imposible no quererte.
- No quiero seguir hablando de esto.
- ¿Me ayudas a terminar de hacer la maleta?
- Vale.
Las dificultades se superan, por muy difícil que sea el camino. ‘Nunca ha llovido que no parase’. Y es que después de todo, cada cosa, hasta la más insignificante, sea buena o mala, se acaba. Ahora sólo le faltaba la parte más complicada. Separarse de todo aquello a lo que tanto quería, y esta vez, durante mucho, mucho más tiempo.
martes, 26 de agosto de 2014
jueves, 21 de agosto de 2014
CAPÍTULO 6: Nos vemos en el camino.
Querido diario:
Creo que el ser humano quiere hacerse daño a si mismo. O quizás sea la vida, el destino, o simplemente las casualidades las que lo cambian todo y te guían por otro camino. Le quiero, y lo sé, pero a pesar de ello, la distancia lo estropea siempre todo. Tengo que volver, sabes que no puedo abandonar ahora, y él tampoco.
No me he atrevido a decirle nada a Carla, aún a sabiendas de que Raúl es el chico que le gusta. ¿No había nadie más en el mundo? Él me quiere a mi, pero yo... Siento que la estoy traicionando. No sé como puede reaccionar, ella me quiere como a una hermana, y yo también, pero a su edad, un desengaño amoroso, aunque él no le haya dado ningún tipo de esperanzas puede ser muy problemático.
De todas maneras, mañana tengo que disfrutar como nunca lo he hecho. Es mi cumpleaños, y quiero pasar el día con él, en 48 horas, estaré tomando de nuevo un avión hacia Londres, y lo más probable es que todo vuelva a romperse, y quién sabe si definitivamente. Por hoy me despido, me voy a dormir ya.
Comenzó a preparar la cama, se recogió el pelo como siempre hacía antes de acostarse, con una toallita desmaquilladora se quitó la fina capa de maquillaje que llevaba, un poquito de crema a la cara, y a dormir.
Cuando ya estaba a punto de cerrar los ojos, su teléfono móvil vibró. ‘’Hola, ¡¡felicidades!! ¿He sido el primero? Espero que nos veamos pronto, la verdad es que me lo he pasado muy bien el otro día contigo, y me gustaría que volviésemos a quedar. Descansa princesa.’’ ‘’¡Muchas gracias! Sí, has sido el primero. Buenas noches, y de nuevo, ¡gracias!’’ Siempre tan atento y servicial. Se habían visto más veces desde el concierto, y si no existiese Raúl, sería el novio perfecto.
Un golpe en la ventana la sorprende de repente. ¿Qué sería eso? Un pájaro, probablemente. Pero segundos más tarde, escuchó otro, y otro más, seguido del anterior. Se levantó de la cama, y tras asomarse a la ventana, allí estaba él. Eso es lo que le diferencia del resto, es lo que le hace único y especial, como aquel día de la casita. Ni siquiera esperó a que ella le abriese la puerta, en menos de un minuto, trepó hasta el segundo piso donde se encontraba ella. - ¡Feliz cumpleaños pequeña!
- Estás loco – dijo acompañándolo de un apasionado beso.
- Puede, pero tu regalo de cumpleaños no podía esperar más. Bueno, en realidad era yo el que no podía esperar a dártelo. – contestó sacando un pequeño paquetito perfectamente envuelto – Espero que te guste.
Comenzó a abrirlo con la delicadeza que el envoltorio requería. Una caja rosa claro, tenía una pequeña nota en su tapa ‘’Para alguien especial’’. Al abrirla, se encontró con una pulsera, una de las más bonitas que había visto jamás. Antes de que ella pudiese decir nada, Raúl se adelantó.
- Sabes que a mi no me gustan los compromisos, pero no me va a volver a pasar lo de la otra vez. La vida nos ha dado otra oportunidad, y no voy a volver a ser tan cobarde. Una de las cosas que tengo claras en la vida, es que quiero que tú estés en ella. Me da igual si es aquí, en Londres, o en la Conchinchina. Y esta pulsera es un símbolo de ello. No quiero anillos, no estamos preparados para casarnos, pero sí, o al menos así lo creo yo, para prometer que nos vamos a querer. La distancia no pudo con mis sentimientos una vez. Ahora te pido que seas completamente sincera, ¿pudo con los tuyos?
- Han sido meses muy duros Raúl. Por supuesto que no ha podido con ellos. Me has dejado sin palabras, yo… ¿Crees que podremos soportarlo? Son demasiados meses, pueden aparecer personas, y yo no quiero que estés atado a mí.
- ¿Le concedemos a la vida la ilusión de intentarlo?
Creo que el ser humano quiere hacerse daño a si mismo. O quizás sea la vida, el destino, o simplemente las casualidades las que lo cambian todo y te guían por otro camino. Le quiero, y lo sé, pero a pesar de ello, la distancia lo estropea siempre todo. Tengo que volver, sabes que no puedo abandonar ahora, y él tampoco.
No me he atrevido a decirle nada a Carla, aún a sabiendas de que Raúl es el chico que le gusta. ¿No había nadie más en el mundo? Él me quiere a mi, pero yo... Siento que la estoy traicionando. No sé como puede reaccionar, ella me quiere como a una hermana, y yo también, pero a su edad, un desengaño amoroso, aunque él no le haya dado ningún tipo de esperanzas puede ser muy problemático.
De todas maneras, mañana tengo que disfrutar como nunca lo he hecho. Es mi cumpleaños, y quiero pasar el día con él, en 48 horas, estaré tomando de nuevo un avión hacia Londres, y lo más probable es que todo vuelva a romperse, y quién sabe si definitivamente. Por hoy me despido, me voy a dormir ya.
Comenzó a preparar la cama, se recogió el pelo como siempre hacía antes de acostarse, con una toallita desmaquilladora se quitó la fina capa de maquillaje que llevaba, un poquito de crema a la cara, y a dormir.
Cuando ya estaba a punto de cerrar los ojos, su teléfono móvil vibró. ‘’Hola, ¡¡felicidades!! ¿He sido el primero? Espero que nos veamos pronto, la verdad es que me lo he pasado muy bien el otro día contigo, y me gustaría que volviésemos a quedar. Descansa princesa.’’ ‘’¡Muchas gracias! Sí, has sido el primero. Buenas noches, y de nuevo, ¡gracias!’’ Siempre tan atento y servicial. Se habían visto más veces desde el concierto, y si no existiese Raúl, sería el novio perfecto.
Un golpe en la ventana la sorprende de repente. ¿Qué sería eso? Un pájaro, probablemente. Pero segundos más tarde, escuchó otro, y otro más, seguido del anterior. Se levantó de la cama, y tras asomarse a la ventana, allí estaba él. Eso es lo que le diferencia del resto, es lo que le hace único y especial, como aquel día de la casita. Ni siquiera esperó a que ella le abriese la puerta, en menos de un minuto, trepó hasta el segundo piso donde se encontraba ella. - ¡Feliz cumpleaños pequeña!
- Estás loco – dijo acompañándolo de un apasionado beso.
- Puede, pero tu regalo de cumpleaños no podía esperar más. Bueno, en realidad era yo el que no podía esperar a dártelo. – contestó sacando un pequeño paquetito perfectamente envuelto – Espero que te guste.
Comenzó a abrirlo con la delicadeza que el envoltorio requería. Una caja rosa claro, tenía una pequeña nota en su tapa ‘’Para alguien especial’’. Al abrirla, se encontró con una pulsera, una de las más bonitas que había visto jamás. Antes de que ella pudiese decir nada, Raúl se adelantó.
- Sabes que a mi no me gustan los compromisos, pero no me va a volver a pasar lo de la otra vez. La vida nos ha dado otra oportunidad, y no voy a volver a ser tan cobarde. Una de las cosas que tengo claras en la vida, es que quiero que tú estés en ella. Me da igual si es aquí, en Londres, o en la Conchinchina. Y esta pulsera es un símbolo de ello. No quiero anillos, no estamos preparados para casarnos, pero sí, o al menos así lo creo yo, para prometer que nos vamos a querer. La distancia no pudo con mis sentimientos una vez. Ahora te pido que seas completamente sincera, ¿pudo con los tuyos?
- Han sido meses muy duros Raúl. Por supuesto que no ha podido con ellos. Me has dejado sin palabras, yo… ¿Crees que podremos soportarlo? Son demasiados meses, pueden aparecer personas, y yo no quiero que estés atado a mí.
- ¿Le concedemos a la vida la ilusión de intentarlo?
domingo, 10 de agosto de 2014
CAPÍTULO 5: Nos vemos en el camino.
Querido diario:
Muchas veces no nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que no lo echamos en falta. Probablemente esto es algo que a mi no me sirve. Yo creía que ya estaba recuperada, a pesar de que hacía tan solo una semana que había tomado la determinación de olvidarme de todo, ya había pasado página, o al menos eso pensaba yo. Las horas aquel día con Kike fueron tan especiales que logró que me evadiese de la realidad. Nuestro encuentro había sido tanto extraño como divertido, o mejor dicho, como bien había apuntado Carla, ''vosotros dos estáis destinados a estar juntos, en todas las películas en las que alguien se encuentra así, acaban viviendo una bonita historia de amor, 'igual que en Canciones para Paula' ''
Tenía razón, aquel libro nos había marcado de por vida a las dos, nos hizo pensar de otra manera, que a veces no todo sale como esperamos, pero se puede tirar hacia delante, y el destino, de alguna manera o de otra hará que encuentres la felicidad al final del camino. Pero mi pregunta ahora es: ¿Seré yo como Paula? La respuesta es seguramente no. Han ocurrido una serie de sucesos en mi vida que hacen que piense que jamás llegaré a tener una estabilidad con una persona. Y es que aquel día del concierto, ocurrió algo que, al igual a Paula, me cambió la vida.
Esquemas rotos y vuelta a la realidad, a la extrañeza de siempre. Aquella pequeña burbuja que se había creado, o que al menos Ruth pensaba que se había creado, explotó de repente dejándolos a la intemperie, sin protección. Ya no estaban solos, ahora había más gente, pero sólo los ojos de uno. Para ella fue como una puñalada en el corazón, aunque también un aliento de aire fresco. Le hacía daño y sin embargo se sentía bien. El corazón le palpitaba a una velocidad que jamás se podría haber imaginado. Poco a poco el dolor se fue quitando, dejando paso a una alegría inimaginable, a algo que había sentido pocas veces, y que sólo una persona fue capaz de hacer que la sintiese.
Se acercaron, cada vez más. Se alejaron del grupo sin que nadie los observase, ni siquiera sus acompañantes se dieron cuenta de su ausencia. No podían hablar sólo mirarse a los ojos. Probablemente ninguno de los dos sabía que estaban pensando el uno del otro, solo se contemplaban como si jamás lo hubiesen hecho. No hubo besos, no hubo pasión, tan solo sentimientos que flotaban por aquella sala en la que miles de adolescentes cantaban al unísono las canciones del grupo de moda. Pero ellos no escuchaban nada. Ruth pasó de estar en una burbuja con una persona, a estar en otra con alguien que pensó que jamás volvería a ver.
- Si fueses consciente de cuento te he echado de menos y lo culpable que me he sentido todo este tiempo, Raúl...
- La decisión fue de los dos, no fue solo culpa tuya. Pensamos que no nos volveríamos a ver...
- 'Y el destino nos juntó de nuevo'. Eso decías tú siempre.
- Sí. ¿Volverás a Londres? - dijo mientras se acomodaba en uno de los sillones de la parte trasera de la sala, a su lado Ruth también lo hacía.
- En tres semanas estaré de vuelta.
- Y ¿qué tal los estudios?
- Bien, me ha costado pero ya estoy otra vez aquí. En realidad aquello no es como yo me esperaba. Echo de menos muchas cosas de aquí.
- ¿Has encontrado a alguien especial? Quiero decir, ¿hay alguien que ya ha ocupado el lugar que me pertenecía?
- Nadie podrá ocupar nunca tu lugar. Siempre estarás ahí, de alguna manera o de otra. A veces no se necesita estar con alguien para recordarlo durante toda la vida. Hace tan solo unos meses se me hacía imposible la vida sin ti, no creo que haya una sola persona en el planeta tierra que haga que ese sentimiento desaparezca, pasará más gente, tendré más relaciones, y muy probablemente te vea a ti pasear y ser feliz junto a otras personas, pero no quiero que nada ni nadie me haga olvidar aquel tiempo que pasé contigo, puedes entender eso ¿verdad? - Tras unos segundos de silencio y miradas intensas continuó - Y tú ¿has encontrado ya a alguien?
- Sí, he estado con otras chicas, pero ahora mismo no tengo pareja ni nada parecido. No me llenaban como persona.
- ¿Crees que algún día encontraremos a esa persona?
- Yo la tengo justo enfrente de mi.
¿Y qué le podía responder a eso? Se habían echo tanto daño el uno al otro sin desearlo... La decisión que tenía por delante no era fácil, y aún así, lo tenía claro. Quería volver a sentir aquello de hace tan solo unos meses. Le daba igual la distancia, los contratiempos, todo, porque en ese momento, al levantar la vista y mirarle a los ojos se dio cuenta de por qué se había enamorado de él.
Pero, y a pesar de todo eso, sabía que tenía fecha de caducidad, y quien sabe si antes de lo que se esperaba.
Muchas veces no nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que no lo echamos en falta. Probablemente esto es algo que a mi no me sirve. Yo creía que ya estaba recuperada, a pesar de que hacía tan solo una semana que había tomado la determinación de olvidarme de todo, ya había pasado página, o al menos eso pensaba yo. Las horas aquel día con Kike fueron tan especiales que logró que me evadiese de la realidad. Nuestro encuentro había sido tanto extraño como divertido, o mejor dicho, como bien había apuntado Carla, ''vosotros dos estáis destinados a estar juntos, en todas las películas en las que alguien se encuentra así, acaban viviendo una bonita historia de amor, 'igual que en Canciones para Paula' ''
Tenía razón, aquel libro nos había marcado de por vida a las dos, nos hizo pensar de otra manera, que a veces no todo sale como esperamos, pero se puede tirar hacia delante, y el destino, de alguna manera o de otra hará que encuentres la felicidad al final del camino. Pero mi pregunta ahora es: ¿Seré yo como Paula? La respuesta es seguramente no. Han ocurrido una serie de sucesos en mi vida que hacen que piense que jamás llegaré a tener una estabilidad con una persona. Y es que aquel día del concierto, ocurrió algo que, al igual a Paula, me cambió la vida.
Esquemas rotos y vuelta a la realidad, a la extrañeza de siempre. Aquella pequeña burbuja que se había creado, o que al menos Ruth pensaba que se había creado, explotó de repente dejándolos a la intemperie, sin protección. Ya no estaban solos, ahora había más gente, pero sólo los ojos de uno. Para ella fue como una puñalada en el corazón, aunque también un aliento de aire fresco. Le hacía daño y sin embargo se sentía bien. El corazón le palpitaba a una velocidad que jamás se podría haber imaginado. Poco a poco el dolor se fue quitando, dejando paso a una alegría inimaginable, a algo que había sentido pocas veces, y que sólo una persona fue capaz de hacer que la sintiese.
Se acercaron, cada vez más. Se alejaron del grupo sin que nadie los observase, ni siquiera sus acompañantes se dieron cuenta de su ausencia. No podían hablar sólo mirarse a los ojos. Probablemente ninguno de los dos sabía que estaban pensando el uno del otro, solo se contemplaban como si jamás lo hubiesen hecho. No hubo besos, no hubo pasión, tan solo sentimientos que flotaban por aquella sala en la que miles de adolescentes cantaban al unísono las canciones del grupo de moda. Pero ellos no escuchaban nada. Ruth pasó de estar en una burbuja con una persona, a estar en otra con alguien que pensó que jamás volvería a ver.
- Si fueses consciente de cuento te he echado de menos y lo culpable que me he sentido todo este tiempo, Raúl...
- La decisión fue de los dos, no fue solo culpa tuya. Pensamos que no nos volveríamos a ver...
- 'Y el destino nos juntó de nuevo'. Eso decías tú siempre.
- Sí. ¿Volverás a Londres? - dijo mientras se acomodaba en uno de los sillones de la parte trasera de la sala, a su lado Ruth también lo hacía.
- En tres semanas estaré de vuelta.
- Y ¿qué tal los estudios?
- Bien, me ha costado pero ya estoy otra vez aquí. En realidad aquello no es como yo me esperaba. Echo de menos muchas cosas de aquí.
- ¿Has encontrado a alguien especial? Quiero decir, ¿hay alguien que ya ha ocupado el lugar que me pertenecía?
- Nadie podrá ocupar nunca tu lugar. Siempre estarás ahí, de alguna manera o de otra. A veces no se necesita estar con alguien para recordarlo durante toda la vida. Hace tan solo unos meses se me hacía imposible la vida sin ti, no creo que haya una sola persona en el planeta tierra que haga que ese sentimiento desaparezca, pasará más gente, tendré más relaciones, y muy probablemente te vea a ti pasear y ser feliz junto a otras personas, pero no quiero que nada ni nadie me haga olvidar aquel tiempo que pasé contigo, puedes entender eso ¿verdad? - Tras unos segundos de silencio y miradas intensas continuó - Y tú ¿has encontrado ya a alguien?
- Sí, he estado con otras chicas, pero ahora mismo no tengo pareja ni nada parecido. No me llenaban como persona.
- ¿Crees que algún día encontraremos a esa persona?
- Yo la tengo justo enfrente de mi.
¿Y qué le podía responder a eso? Se habían echo tanto daño el uno al otro sin desearlo... La decisión que tenía por delante no era fácil, y aún así, lo tenía claro. Quería volver a sentir aquello de hace tan solo unos meses. Le daba igual la distancia, los contratiempos, todo, porque en ese momento, al levantar la vista y mirarle a los ojos se dio cuenta de por qué se había enamorado de él.
Pero, y a pesar de todo eso, sabía que tenía fecha de caducidad, y quien sabe si antes de lo que se esperaba.
viernes, 11 de abril de 2014
CAPÍTULO 4: Nos vemos en el camino
- ¿Todavía no ha llegado tu primo?
- No, me acaba de llamar. Le ha surgido un asunto muy urgente en la universidad, y me ha dicho que llegará justo a la hora del concierto. El problema es que no se si me dejarán entrar sin él, y menos aún conseguir la primera fila.
- No te preocupes, mirad os presento a Kike. Iba a acompañarme a mi en el concierto, así que no tranquila, si tu primo no llega cuando abran las puertas, entrará el como tu acompañante. ¿Te parece bien?
- ¡Claro que le parece bien! - contesta Carla sin darle opción a su amiga - Encantada de conocerte Kike.
- ¡Igualmente! Os hemos traído la comida, así no perderéis el sitio.
- Gracias - responden cogiendo la bolsa correspondiente.
- Yo me voy a comer algo - dice Ruth al poco tiempo - esperadme todos aquí por favor.
- ¿No quieres que te acompañe?
- Prefiero que no, no sabemos exactamente a que hora abrirán las puertas, y no quiero que pierdan el sitio. Puedes tomarte tú la comida que me había comprado para mí.
Él asiente con la cabeza con una sonrisa. Probablemente no le haya visto aún sin sonreír, tiene un rostro que transmite positividad. Le gusta y le atrae, eso no es discutible, por eso necesitaba evadirse de todo, sentarse en una mesa y desahogarse con su compañero de viaje, aquel que la conoce como nadie. No era una persona, no le podía aconsejar nada, sin embargo, la hacía sentir liberada.
Querido diario:
¿Crees que puede alguien ocupar el puesto de otro? Llevo muchos meses pensando que no, que eso que dicen de que 'un clavo saca otro clavo' no estaba hecho para nosotros dos, y ahora, en tan solo una mañana, Kike me ha hecho darme cuenta de que quizás estuviese ciega. Sabe mis secretos, sabe todo o que he sufrido, y lo que he reído, y no ha salido corriendo. Él tampoco ha tenido una vida fácil, mucho menos estos últimos meses. Es como si me hubiese hecho reaccionar, despertar de ese coma sentimental en el que estaba sumida. No me permitía a mi misma conocer a más personas, lo único que hacía era lamentarme con lo que podía haber sido, y por capricho del destino no había podido ser.
De todas maneras, y aunque cambie la persona, sigue habiendo un problema: Londres. Quien le iba a decir a aquella niña de cinco años que un día fui y decidió mi futuro que esa decisión que estaba tomando iba a traerme tanto sufrimiento. ¡Que injusta es la vida! ¿Por qué me tiene que pasar esto a mi? Quisiera dar marcha atrás en el tiempo y conocer a algún chico de mi universidad. Todo sería fácil, sin complicaciones. De todas maneras, ni siquiera se si le gusto, puede que simplemente le caiga bien. Por otra parte, él me ha dicho que Londres es una ciudad que le encanta, y que no le importaría vivir allí, quizás si nuestra relación se fortificase...
Sus pensamientos se ven interrumpidos por su teléfono. ¡Se le había olvidado el concierto!
- Ruth, ¿dónde estás? ¡Las puertas se abren en cinco minutos!
- Ya voy, estoy a punto de llegar, no os preocupéis.
¡Mierda! O se da prisa o no llega. Por suerte, y tras correr como nunca lo había hecho, esquivando coches y personas, con las consecuentes regañinas llegó a tiempo.
- Lo siento muchísimo, se me fue el tiempo comiendo.
- Si no hubieses llegado...
- Pero lo ha hecho Carla, no te preocupes.
- Gracias por defenderme Kike, si no conociéndola, me habría matado por el retraso.
Que emocionadas estaban las dos. Era extraño, se veía a ella misma hace tres años, ese brillo en los ojos, y sobre todo, ¡las amistades que hacías en esos momentos! Pero sus pensamientos estaban ocupados en otra cosa, o mejor dicho, en una persona. Le miraba de reojo, hasta que vio que el también lo hacía. Miradas cómplices, sonrisas y sobre todo, mucho ''feeling''. Las dos jóvenes se fueron hacia delante y ellos dos las acompañaron, aunque tampoco querían presionarlas, y mucho menos quitarles el sitio a las demás fans de aquel grupo de música. Decidieron esperar al primo de la amiga de Carla, que aún no había llegado. Salieron los teloneros, y Ruth de repente notó como dos manos la rodeaban por la espalda y una cabeza que se posaba en su hombro. Era Kike sin duda. Estaba cómoda, feliz. Hasta que de pronto, aquel chico al que estaban esperando apareció de la nada, dejando de nuevo todas sus ilusiones rotas en mil pedazos.
- No, me acaba de llamar. Le ha surgido un asunto muy urgente en la universidad, y me ha dicho que llegará justo a la hora del concierto. El problema es que no se si me dejarán entrar sin él, y menos aún conseguir la primera fila.
- No te preocupes, mirad os presento a Kike. Iba a acompañarme a mi en el concierto, así que no tranquila, si tu primo no llega cuando abran las puertas, entrará el como tu acompañante. ¿Te parece bien?
- ¡Claro que le parece bien! - contesta Carla sin darle opción a su amiga - Encantada de conocerte Kike.
- ¡Igualmente! Os hemos traído la comida, así no perderéis el sitio.
- Gracias - responden cogiendo la bolsa correspondiente.
- Yo me voy a comer algo - dice Ruth al poco tiempo - esperadme todos aquí por favor.
- ¿No quieres que te acompañe?
- Prefiero que no, no sabemos exactamente a que hora abrirán las puertas, y no quiero que pierdan el sitio. Puedes tomarte tú la comida que me había comprado para mí.
Él asiente con la cabeza con una sonrisa. Probablemente no le haya visto aún sin sonreír, tiene un rostro que transmite positividad. Le gusta y le atrae, eso no es discutible, por eso necesitaba evadirse de todo, sentarse en una mesa y desahogarse con su compañero de viaje, aquel que la conoce como nadie. No era una persona, no le podía aconsejar nada, sin embargo, la hacía sentir liberada.
Querido diario:
¿Crees que puede alguien ocupar el puesto de otro? Llevo muchos meses pensando que no, que eso que dicen de que 'un clavo saca otro clavo' no estaba hecho para nosotros dos, y ahora, en tan solo una mañana, Kike me ha hecho darme cuenta de que quizás estuviese ciega. Sabe mis secretos, sabe todo o que he sufrido, y lo que he reído, y no ha salido corriendo. Él tampoco ha tenido una vida fácil, mucho menos estos últimos meses. Es como si me hubiese hecho reaccionar, despertar de ese coma sentimental en el que estaba sumida. No me permitía a mi misma conocer a más personas, lo único que hacía era lamentarme con lo que podía haber sido, y por capricho del destino no había podido ser.
De todas maneras, y aunque cambie la persona, sigue habiendo un problema: Londres. Quien le iba a decir a aquella niña de cinco años que un día fui y decidió mi futuro que esa decisión que estaba tomando iba a traerme tanto sufrimiento. ¡Que injusta es la vida! ¿Por qué me tiene que pasar esto a mi? Quisiera dar marcha atrás en el tiempo y conocer a algún chico de mi universidad. Todo sería fácil, sin complicaciones. De todas maneras, ni siquiera se si le gusto, puede que simplemente le caiga bien. Por otra parte, él me ha dicho que Londres es una ciudad que le encanta, y que no le importaría vivir allí, quizás si nuestra relación se fortificase...
Sus pensamientos se ven interrumpidos por su teléfono. ¡Se le había olvidado el concierto!
- Ruth, ¿dónde estás? ¡Las puertas se abren en cinco minutos!
- Ya voy, estoy a punto de llegar, no os preocupéis.
¡Mierda! O se da prisa o no llega. Por suerte, y tras correr como nunca lo había hecho, esquivando coches y personas, con las consecuentes regañinas llegó a tiempo.
- Lo siento muchísimo, se me fue el tiempo comiendo.
- Si no hubieses llegado...
- Pero lo ha hecho Carla, no te preocupes.
- Gracias por defenderme Kike, si no conociéndola, me habría matado por el retraso.
Que emocionadas estaban las dos. Era extraño, se veía a ella misma hace tres años, ese brillo en los ojos, y sobre todo, ¡las amistades que hacías en esos momentos! Pero sus pensamientos estaban ocupados en otra cosa, o mejor dicho, en una persona. Le miraba de reojo, hasta que vio que el también lo hacía. Miradas cómplices, sonrisas y sobre todo, mucho ''feeling''. Las dos jóvenes se fueron hacia delante y ellos dos las acompañaron, aunque tampoco querían presionarlas, y mucho menos quitarles el sitio a las demás fans de aquel grupo de música. Decidieron esperar al primo de la amiga de Carla, que aún no había llegado. Salieron los teloneros, y Ruth de repente notó como dos manos la rodeaban por la espalda y una cabeza que se posaba en su hombro. Era Kike sin duda. Estaba cómoda, feliz. Hasta que de pronto, aquel chico al que estaban esperando apareció de la nada, dejando de nuevo todas sus ilusiones rotas en mil pedazos.
jueves, 3 de abril de 2014
CAPÍTULO 3: Nos vemos en el camino
Querido diario:
Está siendo bastante difícil decirle adiós a tantos momentos, pero Carla me está ayudando mucho. Esa pequeña es probablemente la que mejor me comprende. Aunque no sabe nada de lo que me ocurre y probablemente nunca lo sepa, es consciente de que no quiero pensar, que necesito liberarme un poco de los recuerdos. Además, me ha pedido que la acompañe al concierto de su grupo favorito. Tenemos que desplazarnos un poco, pero no pasa nada, con el coche se soluciona ese problema. Se que le gusta mucho, antes de irme ya habíamos ido a uno suyo, y la verdad es que no lo hacen nada mal. Supongo que me vendrá bien, mientras estoy con ella no pienso, y mientras no piense, no estoy enfadada con el mundo...
Por otro lado, también va ese chico que le gusta, y me apetece conocerle. No quiero que le haga daño, me ha dicho que es algo mayor que ella, y aunque la edad no importa para nada, me da miedo lo que le pueda suceder. Nunca se sabe lo que busca la gente.
- ¡¡Vamos Tata!! Si no estoy pronto los veré muy atrás.
- Tranquilízate Carla - dice su tía desde la habitación - no encuentro las llaves del coche, además, aún quedan más de 15 horas para el concierto, ¡sólo son las 6 de la mañana!
- Jo, es que además también estarán las chicas de Sweet California. ¿Te acuerdas de ellas? Te comenté algo de ellas una vez en ''Skype''.
- Si cariño, me lo contaste como unas cien veces. ¡Aquí están las llaves! Ya nos podemos ir, no cierres demasiado fuerte para que tu madre no se despierte.
- Está bien.
Una vez en el coche, la música no paraba de sonar, aunque duró poco, ya que Carla se durmió a los pocos minutos de entrar en el coche. El viaje pasó mucho más rápido de lo que ambas pensaban. Trescientos kilómetros y dos paradas daban para mucho, y la más joven lo contó a su tía todo lo que sentía por aquel chico, ¡hasta su descripción física! Ruth se sentía muy identificada, a ella le pasaba exactamente lo mismo, aunque no tenía con quien expresarlo. Debería habérselo contado, igual que ella lo estaba diciendo. Pero ya no había vuelta atrás, ahora se ha propuesto no pensar más en él, y poco a poco lo va consiguiendo, o al menos eso es lo que espera.
- ¿Dónde están tus amigos?
- No lo se - dice moviendo la cabeza a ambos lados - Voy a llamar a Ainhoa, así nos ponemos ya a la cola con ella, ¡vaya cantidad de gente que hay, y solo son las 10 de la mañana!
- Madre mía, pero ¿desde cuando lleva aquí tu amiga?
- De madrugada me puso un Whatsapp diciendo que ya se venía para aquí, y que su primo llegaría a la hora del concierto más o menos, porque no nos dejan entrar siendo menores si no es acompañado de un adulto, ya sabes.
- Bueno anda, tendré que cuidaros yo... - contesta con gesto pesaroso aunque con una sonrisa en la cara - ¡Llámala venga!
Diez minutos después ya estaban colocadas en una fila interminable de adolescentes. Sin duda aquellas jovencitas no tenían problemas para madrugar, ¡seguro que para ir al instituto se les pegaban más las sábanas! De todas maneras todo el mundo tuvo esa edad en la que ir a un concierto era lo mejor que te podía pasar, cuando contabas los minutos para verles, para que cantasen tu canción favorita.
- Ruth, si quieres puedes ir a dar un paseo por aquí cerca, ¡hay sitios muy bonitos por aquí!
- Sí tata, nosotras nos quedaremos aquí, no te preocupes que no nos vamos a mover - Carla instantáneamente mira a las dos chicas de detrás desafiante, aunque luego sonríe - pero por favor, vuelve para la comida, y tráenos unas hamburguesas del Mc Donald's o algo así.
- Como sois ¿eh? Bueno, os lo traeré, pero porque es un día especial. ¡Portaros bien!
Y diciendo eso se dio media vuelta y se fue. Le apetecía despejarse un poco, un Cola Cao bien caliente no le vendría nada mal. Ve una cafetería justo enfrente y decide entrar, el sitio era muy elegante, pero a la vez acogedor, seguro que era perfecto para un desayuno relajante.
Un camarero muy majo la atendió, y le dejó su pedido sobre la mesa. Sacó su móvil y tras comprobar que todo estaba en orden volvió a guardarlo.
Por mucho que quería dejar de pensar en su vida anterior, en antes de irse, no podía. No paraba de preguntarse ''¿Y si yo no me hubiese ido?'' Y como una vez escuchó en Cartas a Julieta, las palabras ''y si'' juntas nunca traen nada nuevo. Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos por un apuesto joven, de ojos preciosos y una sonrisa que a cualquiera volvería loca. ¡Se había sentado en su mesa!
- ¿¡Quién eres?! ¿Que narices haces en mi mesa?
- Tranquila, siento si te he asustado. Soy Enrique Álvarez, pero me puedes llamar Kike.
- ¡Me da igual tu nombre! Vete de mi mesa - contesta radicalmente.
- Venga por favor, te invito a desayunar. Si después no quieres saber nada de mi, me voy.
- Pero vamos a ver, ¡que no te conozco de nada chaval!
- Estás tan aburrida como yo. Un poco de conversación no le viene mal a nadie... - Tras decir estas palabras, vuelve esa sonrisa que no dejaba indiferente a nadie.
- Está bien, pero tienes que cumplir lo que me has dicho.
Y así comenzaron una conversación tras otra, acompañada de muchas carcajadas y un rico desayuno que, desde luego, los dos necesitaban. No hizo falta que Kike cumpliese su promesa, ¡ella no se lo pidió! Tan bien se lo estaban pasando que no se dio cuenta de la hora que era, y tuvo que irse corriendo al Mc Donald's a llevarles la comida a las dos jóvenes.
Se lo pasaban bien juntos, de eso no había duda. Le acababa de conocer, sí, pero siempre hubo un primer día con la persona que más quieres en el mundo ¿no? Pasearon, hablaron mucho, tanto uno como otro. Los dos salían de relaciones ''complicadas'', y a Ruth sobre todo le vino muy bien aquella conversación. Necesitaba desahogarse con alguien que no fuese su diario. Ahora él sabía lo que nadie más sabía. ¿Se puede confiar en alguien al que has conocido de una manera tan brusca de esa manera? La respuesta es un rotundo no, pero quería conocer gente, relacionarse con alguien más, ¿por qué el no podía ser el indicado?
- ¡Mierda! El concierto.
- ¿A que hora empezaba?
- En 45 minutos tenemos que estar dentro, ¿estamos muy lejos? No soy de aquí...
- No tranquila, yo te guío.
- ¡Gracias! Oye, ¿por qué no vienes con nosotras? ¡Me hará falta a alguien más para controlar a la peque!
- Bueno... Sí, ¿por qué no?
- Pues apresurémonos, y te compras una entrada - dice con una gran sonrisa tirando de su brazo.
Y así fue como empezó una bonita amistad que quizás pudiese acabar en algo más. Para eso aún no pueden encontrar una respuesta. Lo único que pueden saber en estos momentos, es que en aquella cola llena de adolescentes nerviosas, ocurrirá algo que probablemente cambie todo lo que Ruth estuvo pensando durante esas horas junto a Kike.
NOTA: ¿Qué creéis que ocurrirá? ¡Deja tu comentario diciéndomelo! :D
Está siendo bastante difícil decirle adiós a tantos momentos, pero Carla me está ayudando mucho. Esa pequeña es probablemente la que mejor me comprende. Aunque no sabe nada de lo que me ocurre y probablemente nunca lo sepa, es consciente de que no quiero pensar, que necesito liberarme un poco de los recuerdos. Además, me ha pedido que la acompañe al concierto de su grupo favorito. Tenemos que desplazarnos un poco, pero no pasa nada, con el coche se soluciona ese problema. Se que le gusta mucho, antes de irme ya habíamos ido a uno suyo, y la verdad es que no lo hacen nada mal. Supongo que me vendrá bien, mientras estoy con ella no pienso, y mientras no piense, no estoy enfadada con el mundo...
Por otro lado, también va ese chico que le gusta, y me apetece conocerle. No quiero que le haga daño, me ha dicho que es algo mayor que ella, y aunque la edad no importa para nada, me da miedo lo que le pueda suceder. Nunca se sabe lo que busca la gente.
- ¡¡Vamos Tata!! Si no estoy pronto los veré muy atrás.
- Tranquilízate Carla - dice su tía desde la habitación - no encuentro las llaves del coche, además, aún quedan más de 15 horas para el concierto, ¡sólo son las 6 de la mañana!
- Jo, es que además también estarán las chicas de Sweet California. ¿Te acuerdas de ellas? Te comenté algo de ellas una vez en ''Skype''.
- Si cariño, me lo contaste como unas cien veces. ¡Aquí están las llaves! Ya nos podemos ir, no cierres demasiado fuerte para que tu madre no se despierte.
- Está bien.
Una vez en el coche, la música no paraba de sonar, aunque duró poco, ya que Carla se durmió a los pocos minutos de entrar en el coche. El viaje pasó mucho más rápido de lo que ambas pensaban. Trescientos kilómetros y dos paradas daban para mucho, y la más joven lo contó a su tía todo lo que sentía por aquel chico, ¡hasta su descripción física! Ruth se sentía muy identificada, a ella le pasaba exactamente lo mismo, aunque no tenía con quien expresarlo. Debería habérselo contado, igual que ella lo estaba diciendo. Pero ya no había vuelta atrás, ahora se ha propuesto no pensar más en él, y poco a poco lo va consiguiendo, o al menos eso es lo que espera.
- ¿Dónde están tus amigos?
- No lo se - dice moviendo la cabeza a ambos lados - Voy a llamar a Ainhoa, así nos ponemos ya a la cola con ella, ¡vaya cantidad de gente que hay, y solo son las 10 de la mañana!
- Madre mía, pero ¿desde cuando lleva aquí tu amiga?
- De madrugada me puso un Whatsapp diciendo que ya se venía para aquí, y que su primo llegaría a la hora del concierto más o menos, porque no nos dejan entrar siendo menores si no es acompañado de un adulto, ya sabes.
- Bueno anda, tendré que cuidaros yo... - contesta con gesto pesaroso aunque con una sonrisa en la cara - ¡Llámala venga!
Diez minutos después ya estaban colocadas en una fila interminable de adolescentes. Sin duda aquellas jovencitas no tenían problemas para madrugar, ¡seguro que para ir al instituto se les pegaban más las sábanas! De todas maneras todo el mundo tuvo esa edad en la que ir a un concierto era lo mejor que te podía pasar, cuando contabas los minutos para verles, para que cantasen tu canción favorita.
- Ruth, si quieres puedes ir a dar un paseo por aquí cerca, ¡hay sitios muy bonitos por aquí!
- Sí tata, nosotras nos quedaremos aquí, no te preocupes que no nos vamos a mover - Carla instantáneamente mira a las dos chicas de detrás desafiante, aunque luego sonríe - pero por favor, vuelve para la comida, y tráenos unas hamburguesas del Mc Donald's o algo así.
- Como sois ¿eh? Bueno, os lo traeré, pero porque es un día especial. ¡Portaros bien!
Y diciendo eso se dio media vuelta y se fue. Le apetecía despejarse un poco, un Cola Cao bien caliente no le vendría nada mal. Ve una cafetería justo enfrente y decide entrar, el sitio era muy elegante, pero a la vez acogedor, seguro que era perfecto para un desayuno relajante.
Un camarero muy majo la atendió, y le dejó su pedido sobre la mesa. Sacó su móvil y tras comprobar que todo estaba en orden volvió a guardarlo.
Por mucho que quería dejar de pensar en su vida anterior, en antes de irse, no podía. No paraba de preguntarse ''¿Y si yo no me hubiese ido?'' Y como una vez escuchó en Cartas a Julieta, las palabras ''y si'' juntas nunca traen nada nuevo. Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos por un apuesto joven, de ojos preciosos y una sonrisa que a cualquiera volvería loca. ¡Se había sentado en su mesa!
- ¿¡Quién eres?! ¿Que narices haces en mi mesa?
- Tranquila, siento si te he asustado. Soy Enrique Álvarez, pero me puedes llamar Kike.
- ¡Me da igual tu nombre! Vete de mi mesa - contesta radicalmente.
- Venga por favor, te invito a desayunar. Si después no quieres saber nada de mi, me voy.
- Pero vamos a ver, ¡que no te conozco de nada chaval!
- Estás tan aburrida como yo. Un poco de conversación no le viene mal a nadie... - Tras decir estas palabras, vuelve esa sonrisa que no dejaba indiferente a nadie.
- Está bien, pero tienes que cumplir lo que me has dicho.
Y así comenzaron una conversación tras otra, acompañada de muchas carcajadas y un rico desayuno que, desde luego, los dos necesitaban. No hizo falta que Kike cumpliese su promesa, ¡ella no se lo pidió! Tan bien se lo estaban pasando que no se dio cuenta de la hora que era, y tuvo que irse corriendo al Mc Donald's a llevarles la comida a las dos jóvenes.
Se lo pasaban bien juntos, de eso no había duda. Le acababa de conocer, sí, pero siempre hubo un primer día con la persona que más quieres en el mundo ¿no? Pasearon, hablaron mucho, tanto uno como otro. Los dos salían de relaciones ''complicadas'', y a Ruth sobre todo le vino muy bien aquella conversación. Necesitaba desahogarse con alguien que no fuese su diario. Ahora él sabía lo que nadie más sabía. ¿Se puede confiar en alguien al que has conocido de una manera tan brusca de esa manera? La respuesta es un rotundo no, pero quería conocer gente, relacionarse con alguien más, ¿por qué el no podía ser el indicado?
- ¡Mierda! El concierto.
- ¿A que hora empezaba?
- En 45 minutos tenemos que estar dentro, ¿estamos muy lejos? No soy de aquí...
- No tranquila, yo te guío.
- ¡Gracias! Oye, ¿por qué no vienes con nosotras? ¡Me hará falta a alguien más para controlar a la peque!
- Bueno... Sí, ¿por qué no?
- Pues apresurémonos, y te compras una entrada - dice con una gran sonrisa tirando de su brazo.
Y así fue como empezó una bonita amistad que quizás pudiese acabar en algo más. Para eso aún no pueden encontrar una respuesta. Lo único que pueden saber en estos momentos, es que en aquella cola llena de adolescentes nerviosas, ocurrirá algo que probablemente cambie todo lo que Ruth estuvo pensando durante esas horas junto a Kike.
NOTA: ¿Qué creéis que ocurrirá? ¡Deja tu comentario diciéndomelo! :D
sábado, 22 de marzo de 2014
Capítulo 2: Nos vemos en el camino
Querido diario:
Sabía que volver haría que los recuerdos volviesen a mi cabeza, pero no de esta manera, cada ligar, cada rincón tiene algo suyo. Parece que cuanto más quiero olvidarme de él, más alto suena en mi cabeza, no me deja en paz, está en cada lugar de mi mente. Es culpa mía, lo sé. Quiero volver a encontrarme con él, a pesar de que nos prometidos no volver a vernos. Pero lo necesito, puede que se haya olvidado de mi, llevo ya mucho tiempo fuera, pero tengo que verle, decirle que me da igual que él ya no me quiera, yo sigo haciéndolo como el primer día, nada ha cambiado en mis sentimientos. De todas maneras, ¿qué cambiaría eso? Probablemente nada, pero yo lograría desahogarme. Por otro lado, tampoco se donde encontrarle, puede que ni siquiera esté en España, quizás haya rehecho su vida lejos de aquí. Somos jóvenes, es fácil huir y olvidarse de todo.
Me tengo que ir ya, luego seguiré escribiéndote.
(Una hora más tarde)
- Hola...
- Pero... ¿Que haces tú aquí? ¿Cómo me has... encontrado? - su voz se entrecorta, muy confusa.
- He vuelto por Navidad, y... Necesitaba verte, ser sincera contigo, decirte que no te he olvidado.
- ¿Vuelves ahora? ¿Sin haberme llamado ni una sola vez en todos estos meses?
- ¡No lo prometimos! He tenido el teléfono tantas veces en la mano, con tu contacto seleccionado. Pero no me atreví, pensé que sería mucho peor para los dos - dice mientras sus ojos comienzan a llenarse de lágrimas - te sigo queriendo, mucho, puede que incluso demasiado, necesitaba decírtelo Marco, que al menos supieses que no he logrado olvi... - su voz se corta por completo. Detrás de aquel chico del que está locamente enamorada aparece una joven probablemente de su edad. Simplemente está cubierta por una camisa que rápidamente adivina, es del chico - Siento haber interrumpido - finaliza la conversación justo antes de salir corriendo, sin poder evitar que las lágrimas recorran cada centímetro de sus ojos.
- ¡Ruth!
Pero ella ya no escucha nada, sólo comprende que ha perdido su oportunidad por conseguir ser lo que siempre quiso, lo que soñó desde pequeña. Le entiendo, sabe que no tiene derecho a aparecer ahora después de tanto tiempo.
- ¡¡Ruth!! ¿Qué te ocurre?
Abre los ojos y se da cuenta de la realidad, todo fue un mal sueño. Sin embargo se da cuenta de la cruda realidad, nada volverá a ser como antes, no quiere que ocurra lo que hace un momento ha pasado en su mente, no sería capaz de soportarlo. Tiene que comenzar a vivir de nuevo, tiene que saber que ese tren ya ha pasado, darse nuevas oportunidades, conocer más gente, porque duela más o menos, la vida sólo se vive una vez.
Querido diario:
Ya es de madrugada, sin embargo, no puedo dejar pasar más tiempo. Carla me ha despertado de un sueño horrible, él estaba con otra, me había sustituido. Es lógico, no tengo derecho a pedirle nada. Sólo quería que supieses que se acabó, a partir de hoy vuelvo a ser la misma de siempre, quiero conocer gente, quiero vivir sin ataduras. Marco (al que a partir de hoy llamaré por su nombre real ''Marcos'') no volverá a interponerse entre la felicidad y yo.
Sabía que volver haría que los recuerdos volviesen a mi cabeza, pero no de esta manera, cada ligar, cada rincón tiene algo suyo. Parece que cuanto más quiero olvidarme de él, más alto suena en mi cabeza, no me deja en paz, está en cada lugar de mi mente. Es culpa mía, lo sé. Quiero volver a encontrarme con él, a pesar de que nos prometidos no volver a vernos. Pero lo necesito, puede que se haya olvidado de mi, llevo ya mucho tiempo fuera, pero tengo que verle, decirle que me da igual que él ya no me quiera, yo sigo haciéndolo como el primer día, nada ha cambiado en mis sentimientos. De todas maneras, ¿qué cambiaría eso? Probablemente nada, pero yo lograría desahogarme. Por otro lado, tampoco se donde encontrarle, puede que ni siquiera esté en España, quizás haya rehecho su vida lejos de aquí. Somos jóvenes, es fácil huir y olvidarse de todo.
Me tengo que ir ya, luego seguiré escribiéndote.
(Una hora más tarde)
- Hola...
- Pero... ¿Que haces tú aquí? ¿Cómo me has... encontrado? - su voz se entrecorta, muy confusa.
- He vuelto por Navidad, y... Necesitaba verte, ser sincera contigo, decirte que no te he olvidado.
- ¿Vuelves ahora? ¿Sin haberme llamado ni una sola vez en todos estos meses?
- ¡No lo prometimos! He tenido el teléfono tantas veces en la mano, con tu contacto seleccionado. Pero no me atreví, pensé que sería mucho peor para los dos - dice mientras sus ojos comienzan a llenarse de lágrimas - te sigo queriendo, mucho, puede que incluso demasiado, necesitaba decírtelo Marco, que al menos supieses que no he logrado olvi... - su voz se corta por completo. Detrás de aquel chico del que está locamente enamorada aparece una joven probablemente de su edad. Simplemente está cubierta por una camisa que rápidamente adivina, es del chico - Siento haber interrumpido - finaliza la conversación justo antes de salir corriendo, sin poder evitar que las lágrimas recorran cada centímetro de sus ojos.
- ¡Ruth!
Pero ella ya no escucha nada, sólo comprende que ha perdido su oportunidad por conseguir ser lo que siempre quiso, lo que soñó desde pequeña. Le entiendo, sabe que no tiene derecho a aparecer ahora después de tanto tiempo.
- ¡¡Ruth!! ¿Qué te ocurre?
Abre los ojos y se da cuenta de la realidad, todo fue un mal sueño. Sin embargo se da cuenta de la cruda realidad, nada volverá a ser como antes, no quiere que ocurra lo que hace un momento ha pasado en su mente, no sería capaz de soportarlo. Tiene que comenzar a vivir de nuevo, tiene que saber que ese tren ya ha pasado, darse nuevas oportunidades, conocer más gente, porque duela más o menos, la vida sólo se vive una vez.
Querido diario:
Ya es de madrugada, sin embargo, no puedo dejar pasar más tiempo. Carla me ha despertado de un sueño horrible, él estaba con otra, me había sustituido. Es lógico, no tengo derecho a pedirle nada. Sólo quería que supieses que se acabó, a partir de hoy vuelvo a ser la misma de siempre, quiero conocer gente, quiero vivir sin ataduras. Marco (al que a partir de hoy llamaré por su nombre real ''Marcos'') no volverá a interponerse entre la felicidad y yo.
domingo, 2 de marzo de 2014
CAPÍTULO 1: Nos vemos en el camino
Querido diario:
Mi vida en Londres no está siendo como yo esperaba, echo de menos a alguien con quien reír, hablar, e incluso discutir. Llevo tan sólo un mes y medio aquí, y aunque es cierto que he echo muchos amigos, sigo sin acostumbrarme a no poder hablar con Carla todos los días, ¡aunque sea por Skype! Ella me dice que todo está bien, que no hay ningún problema en su vida. Sin embargo, mi hermana Rocío me ha comentado ya en alguna ocasión, incluso antes de que me fuera, que sus calificaciones han bajado desde el inicio de curso. Seguro que le ocurre algo, sin ninguna duda hablaré con ella en cuanto la vea.
En cuanto a él, no se absolutamente nada desde la última vez. Nos propusimos evitar todo tipo de contacto, y lo estamos consiguiendo, total ¿para qué? Serían pocas las veces que nos veríamos, y supusimos que lo mejor sería darnos la oportunidad de conocer a más gente.
Todo lo que le pasaba lo escribía ahí, en su pequeño baúl de los recuerdos, de sus secretos más íntimos y mejor guardados. ¡Cuántas veces a reído y a llorado con él! Si alguien supiese de su existencia se darían cuenta de cómo es en realidad. Nunca ha llegado a ser la fea de la clase, pero tampoco la guapa. En cuanto ella le preguntaba si la veía guapa, siempre tenía la misma respuesta: ''Eres bonita, cielo''
Ruth no lo soportaba, ¿acaso la estaba llamando fea? 'Probablemente' pensaba.
Siempre se consideró de menos, como alguien que solo podía dar buenos consejos a la gente y que, aunque aún nadie lo sabía, no era capaz de controlar su propia vida.
Los días en Londres eran oscuros, lluviosos y aburridos, pero eso le servía para estar más centrada en los estudios. El idioma no era un problema, desde pequeña ha hablado inglés casi a la perfección, y con el tiempo fue mejorando su nivel hasta tenerlo dominado por completo. Sus calificaciones eran muy altas, no había prácticamente ninguna distracciones, y los compañeros de facultad estaban demasiado ocupados como para pasar alguna que otra tarde divertida junto a ella.
''Tan sólo cuatro días y dos exámenes me separa de mi casa'' Con ese pensamiento en la cabeza, logró tomar aquel avión con destino al aeropuerto de Barajas para poder estar con su familia en Navidad. ¡Qué época más bonita! Recuerda las anteriores mientras vuela de regreso a su hogar. Tan sólo su diario sabía que aquel 25 de diciembre su vida cambió por completo. En aquel momento, no se podía imaginar que trescientos sesenta y cinco días después iba a estar en Londres, ni que todo habría cambiado tanto. Todo ocurrió muy deprisa, iba caminando sola como siempre solía hacerlo por el parque de su pueblo, con su música a todo volumen, relajada, cuando algo negro le cubrió lo vista y unas manos la sujetaban. A pesar de su resistencia, lograron meterla en lo que interpretó como un coche. De pronto, el vehículo frenó, y la puerta que tenía justo delante se abrió y tras desatarse las manos, logró quitarse la venda de los ojos. Justo debajo de sus pies había un pequeño papel, en el que ponía ''Puedes entrar y saber lo que te espera, o correr hacia el otro lado preguntándote si te estás equivocando. Tú decides'' Cualquier persona normal abría girado la cabeza, haberse desentendido de todo, y huir de aquello que ella interpretaba como un secuestro. Sin embargo, camino en dirección a aquella pequeña casita de madera que se encontraba justo en frente de ella. Si le estaban dejando la opción, era porque nada malo querían hacerle, de lo contrario, no se permitirían el lujo de que pudiese irse.
El interior era una de las cosas más bonitas que había visto nunca, muy acogedor, tanto que te hacía estremecer. Al levantar la vista, lo encontró allí, sentado en paralelo a la chimenea, sin percatarse de su presencia. Cuándo se dio cuenta de que estaba allí, comenzó a caminar hasta llegar a su lado.
- Hola.
- ¡Hola! ¿Por qué no me has dicho que eras tú desde el principio? Me he llevado un buen susto.
- Lo sé, pero sabía que ibas a entrar.
- ¿Que habría pasado si no lo hubiese hecho?
- ¿Si hubieses huido? No lo sé, no lo contemplé como una opción. Bueno, ¿te gusta el regalo de ''Navidad - aniversario'' que te he preparado?
- Ya llevamos tres meses... Parece increíble con lo mal que me caías al principio.
- Era mutuo y lo sabes - dice que una sonrisa en la cara mientras le rodea el cuello con los brazos.
Aquella no era la primera vez que se entregaban el uno al otro, pero sí el primer ''te quiero'' por parte de ambos. Siempre habían interpretado su relación como algo pasajero, algo que no llegaría a nada, sin embargo, aquel 25 de diciembre de hace doce meses, hizo que aquello que ellos interpretaban como un ''nada'' acabase siendo un ''todo'' para los dos.
Mi vida en Londres no está siendo como yo esperaba, echo de menos a alguien con quien reír, hablar, e incluso discutir. Llevo tan sólo un mes y medio aquí, y aunque es cierto que he echo muchos amigos, sigo sin acostumbrarme a no poder hablar con Carla todos los días, ¡aunque sea por Skype! Ella me dice que todo está bien, que no hay ningún problema en su vida. Sin embargo, mi hermana Rocío me ha comentado ya en alguna ocasión, incluso antes de que me fuera, que sus calificaciones han bajado desde el inicio de curso. Seguro que le ocurre algo, sin ninguna duda hablaré con ella en cuanto la vea.
En cuanto a él, no se absolutamente nada desde la última vez. Nos propusimos evitar todo tipo de contacto, y lo estamos consiguiendo, total ¿para qué? Serían pocas las veces que nos veríamos, y supusimos que lo mejor sería darnos la oportunidad de conocer a más gente.
Todo lo que le pasaba lo escribía ahí, en su pequeño baúl de los recuerdos, de sus secretos más íntimos y mejor guardados. ¡Cuántas veces a reído y a llorado con él! Si alguien supiese de su existencia se darían cuenta de cómo es en realidad. Nunca ha llegado a ser la fea de la clase, pero tampoco la guapa. En cuanto ella le preguntaba si la veía guapa, siempre tenía la misma respuesta: ''Eres bonita, cielo''
Ruth no lo soportaba, ¿acaso la estaba llamando fea? 'Probablemente' pensaba.
Siempre se consideró de menos, como alguien que solo podía dar buenos consejos a la gente y que, aunque aún nadie lo sabía, no era capaz de controlar su propia vida.
Los días en Londres eran oscuros, lluviosos y aburridos, pero eso le servía para estar más centrada en los estudios. El idioma no era un problema, desde pequeña ha hablado inglés casi a la perfección, y con el tiempo fue mejorando su nivel hasta tenerlo dominado por completo. Sus calificaciones eran muy altas, no había prácticamente ninguna distracciones, y los compañeros de facultad estaban demasiado ocupados como para pasar alguna que otra tarde divertida junto a ella.
''Tan sólo cuatro días y dos exámenes me separa de mi casa'' Con ese pensamiento en la cabeza, logró tomar aquel avión con destino al aeropuerto de Barajas para poder estar con su familia en Navidad. ¡Qué época más bonita! Recuerda las anteriores mientras vuela de regreso a su hogar. Tan sólo su diario sabía que aquel 25 de diciembre su vida cambió por completo. En aquel momento, no se podía imaginar que trescientos sesenta y cinco días después iba a estar en Londres, ni que todo habría cambiado tanto. Todo ocurrió muy deprisa, iba caminando sola como siempre solía hacerlo por el parque de su pueblo, con su música a todo volumen, relajada, cuando algo negro le cubrió lo vista y unas manos la sujetaban. A pesar de su resistencia, lograron meterla en lo que interpretó como un coche. De pronto, el vehículo frenó, y la puerta que tenía justo delante se abrió y tras desatarse las manos, logró quitarse la venda de los ojos. Justo debajo de sus pies había un pequeño papel, en el que ponía ''Puedes entrar y saber lo que te espera, o correr hacia el otro lado preguntándote si te estás equivocando. Tú decides'' Cualquier persona normal abría girado la cabeza, haberse desentendido de todo, y huir de aquello que ella interpretaba como un secuestro. Sin embargo, camino en dirección a aquella pequeña casita de madera que se encontraba justo en frente de ella. Si le estaban dejando la opción, era porque nada malo querían hacerle, de lo contrario, no se permitirían el lujo de que pudiese irse.
El interior era una de las cosas más bonitas que había visto nunca, muy acogedor, tanto que te hacía estremecer. Al levantar la vista, lo encontró allí, sentado en paralelo a la chimenea, sin percatarse de su presencia. Cuándo se dio cuenta de que estaba allí, comenzó a caminar hasta llegar a su lado.
- Hola.
- ¡Hola! ¿Por qué no me has dicho que eras tú desde el principio? Me he llevado un buen susto.
- Lo sé, pero sabía que ibas a entrar.
- ¿Que habría pasado si no lo hubiese hecho?
- ¿Si hubieses huido? No lo sé, no lo contemplé como una opción. Bueno, ¿te gusta el regalo de ''Navidad - aniversario'' que te he preparado?
- Ya llevamos tres meses... Parece increíble con lo mal que me caías al principio.
- Era mutuo y lo sabes - dice que una sonrisa en la cara mientras le rodea el cuello con los brazos.
Aquella no era la primera vez que se entregaban el uno al otro, pero sí el primer ''te quiero'' por parte de ambos. Siempre habían interpretado su relación como algo pasajero, algo que no llegaría a nada, sin embargo, aquel 25 de diciembre de hace doce meses, hizo que aquello que ellos interpretaban como un ''nada'' acabase siendo un ''todo'' para los dos.
martes, 18 de febrero de 2014
¡Avance de ''Nos vemos en el camino''!
No se puede decir que haya tenido una vida fácil, pero tampoco difícil, ''normal'' sería la palabra que mejor la definiría. Evidentemente, ha tenido sus problemas pero, ¿quién no los tiene? Además, ha cumplido su sueño, irse a estudiar fuera de España ¡cuánto tiempo estuvo esperando esa llamada! Cuando cogió el teléfono y le dijeron que le habían concedido la beca, fue la persona más feliz del mundo. Pero evidentemente, no iba a ser sencillo separarse de todas aquellas personas que en sus casi 18 de vida, y aunque no dudó en seguir lo que llevaba esperando tanto tiempo, le dolió coger aquel avión. Todos los días pensaba en volver a casa, con su madre, su hermana, su sobrina... Pero sin duda lo que más deseaba era volver a estar con él. Nadie de su familia sabía quien era, ni siquiera que había alguien que había logrado que se olvidase de todos los miedos que siempre la acompañaron.
Lo hablaron, lo discutieron, ninguno de los dos quería que lo suyo se acabase, pero no había otra solución. Los estudios eran la prioridad de ambos, y él debía permanecer en España, sus calificaciones no eran tan buenas como para que le concediesen una beca y no disponía del dinero que supone irse a estudiar fuera. Por su lado, Ruth era incapaz de traicionar a la niña que alguna vez fue, la que siempre soñó con hacer la carrera de periodismo en Londres, ¡jamás se lo perdonaría!
Y fue justo en ese momento cuando ella embarcó en el aeropuerto de Barajas (Madrid) donde sus caminos se separaron. Pensaron que jamás se volverían a ver, ni siquiera querían hacerlo, lo único que deseaban era dejar pasar el tiempo, y lograr olvidarse. Pero el camino de la vida a veces puede hacer que te lleves más de una sorpresa. Quizás, si sigues leyendo ''Nos vemos en el camino'' logres saber lo que les tiene deparado el destino.
Lo hablaron, lo discutieron, ninguno de los dos quería que lo suyo se acabase, pero no había otra solución. Los estudios eran la prioridad de ambos, y él debía permanecer en España, sus calificaciones no eran tan buenas como para que le concediesen una beca y no disponía del dinero que supone irse a estudiar fuera. Por su lado, Ruth era incapaz de traicionar a la niña que alguna vez fue, la que siempre soñó con hacer la carrera de periodismo en Londres, ¡jamás se lo perdonaría!
Y fue justo en ese momento cuando ella embarcó en el aeropuerto de Barajas (Madrid) donde sus caminos se separaron. Pensaron que jamás se volverían a ver, ni siquiera querían hacerlo, lo único que deseaban era dejar pasar el tiempo, y lograr olvidarse. Pero el camino de la vida a veces puede hacer que te lleves más de una sorpresa. Quizás, si sigues leyendo ''Nos vemos en el camino'' logres saber lo que les tiene deparado el destino.
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