jueves, 21 de agosto de 2014

CAPÍTULO 6: Nos vemos en el camino.

Querido diario:
Creo que el ser humano quiere hacerse daño a si mismo. O quizás sea la vida, el destino, o simplemente las casualidades las que lo cambian todo y te guían por otro camino. Le quiero, y lo sé, pero a pesar de ello, la distancia lo estropea siempre todo. Tengo que volver, sabes que no puedo abandonar ahora, y él tampoco. 

No me he atrevido a decirle nada a Carla, aún a sabiendas de que Raúl es el chico que le gusta. ¿No había nadie más en el mundo? Él me quiere a mi, pero yo... Siento que la estoy traicionando. No sé como puede reaccionar, ella me quiere como a una hermana, y yo también, pero a su edad, un desengaño amoroso, aunque él no le haya dado ningún tipo de esperanzas puede ser muy problemático. 
De todas maneras, mañana tengo que disfrutar como nunca lo he hecho. Es mi cumpleaños, y quiero pasar el día con él, en 48 horas, estaré tomando de nuevo un avión hacia Londres, y lo más probable es que todo vuelva a romperse, y quién sabe si definitivamente. Por hoy me despido, me voy a dormir ya. 

Comenzó a preparar la cama, se recogió el pelo como siempre hacía antes de acostarse, con una toallita desmaquilladora se quitó la fina capa de maquillaje que llevaba, un poquito de crema a la cara, y a dormir.
Cuando ya estaba a punto de cerrar los ojos, su teléfono móvil vibró. ‘’Hola, ¡¡felicidades!! ¿He sido el primero? Espero que nos veamos pronto, la verdad es que me lo he pasado muy bien el otro día contigo, y me gustaría que volviésemos a quedar. Descansa princesa.’’ ‘’¡Muchas gracias! Sí, has sido el primero. Buenas noches, y de nuevo, ¡gracias!’’ Siempre tan atento y servicial. Se habían visto más veces desde el concierto, y si no existiese Raúl, sería el novio perfecto.

Un golpe en la ventana la sorprende de repente. ¿Qué sería eso? Un pájaro, probablemente. Pero segundos más tarde, escuchó otro, y otro más, seguido del anterior. Se levantó de la cama, y tras asomarse a la ventana, allí estaba él. Eso es lo que le diferencia del resto, es lo que le hace único y especial, como aquel día de la casita. Ni siquiera esperó a que ella le abriese la puerta, en menos de un minuto, trepó hasta el segundo piso donde se encontraba ella. - ¡Feliz cumpleaños pequeña!
- Estás loco – dijo acompañándolo de un apasionado beso.
- Puede, pero tu regalo de cumpleaños no podía esperar más. Bueno, en realidad era yo el que no podía esperar a dártelo. – contestó sacando un pequeño paquetito perfectamente envuelto – Espero que te guste.

Comenzó a abrirlo con la delicadeza que el envoltorio requería. Una caja rosa claro, tenía una pequeña nota en su tapa ‘’Para alguien especial’’. Al abrirla, se encontró con una pulsera, una de las más bonitas que había visto jamás. Antes de que ella pudiese decir nada, Raúl se adelantó.

- Sabes que a mi no me gustan los compromisos, pero no me va a volver a pasar lo de la otra vez. La vida nos ha dado otra oportunidad, y no voy a volver a ser tan cobarde. Una de las cosas que tengo claras en la vida, es que quiero que tú estés en ella. Me da igual si es aquí, en Londres, o en la Conchinchina. Y esta pulsera es un símbolo de ello. No quiero anillos, no estamos preparados para casarnos, pero sí, o al menos así lo creo yo, para prometer que nos vamos a querer. La distancia no pudo con mis sentimientos una vez. Ahora te pido que seas completamente sincera, ¿pudo con los tuyos?
- Han sido meses muy duros Raúl. Por supuesto que no ha podido con ellos. Me has dejado sin palabras, yo… ¿Crees que podremos soportarlo? Son demasiados meses, pueden aparecer personas, y yo no quiero que estés atado a mí.
- ¿Le concedemos a la vida la ilusión de intentarlo?

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