jueves, 3 de abril de 2014

CAPÍTULO 3: Nos vemos en el camino

Querido diario:
Está siendo bastante difícil decirle adiós a tantos momentos, pero Carla me está ayudando mucho. Esa pequeña es probablemente la que mejor me comprende. Aunque no sabe nada de lo que me ocurre y probablemente nunca lo sepa, es consciente de que no quiero pensar, que necesito liberarme un poco de los recuerdos. Además, me ha pedido que la acompañe al concierto de su grupo favorito. Tenemos que desplazarnos un poco, pero no pasa nada, con el coche se soluciona ese problema. Se que le gusta mucho, antes de irme ya habíamos ido a uno suyo, y la verdad es que no lo hacen nada mal.  Supongo que me vendrá bien,  mientras estoy con ella no pienso, y mientras no piense, no estoy enfadada con el mundo...
Por otro lado, también va ese chico que le gusta, y me apetece conocerle. No quiero que le haga daño, me ha dicho que es algo mayor que ella, y aunque la edad no importa para nada, me da miedo lo que le pueda suceder. Nunca se sabe lo que busca la gente.

- ¡¡Vamos Tata!! Si no estoy pronto los veré muy atrás.
- Tranquilízate Carla - dice su tía desde la habitación - no encuentro las llaves del coche, además, aún quedan más de 15 horas para el concierto, ¡sólo son las 6 de la mañana!
- Jo, es que además también estarán las chicas de Sweet California. ¿Te acuerdas de ellas? Te comenté algo de ellas una vez en ''Skype''.
- Si cariño, me lo contaste como unas cien veces. ¡Aquí están las llaves! Ya nos podemos ir, no cierres demasiado fuerte para que tu madre no se despierte.
- Está bien.

Una vez en el coche, la música no paraba de sonar, aunque duró poco, ya que Carla se durmió a los pocos minutos de entrar en el coche. El viaje pasó mucho más rápido de lo que ambas pensaban. Trescientos kilómetros y dos paradas daban para mucho, y la más joven lo contó a su tía todo lo que sentía por aquel chico, ¡hasta su descripción física! Ruth se sentía muy identificada, a ella le pasaba exactamente lo mismo, aunque no tenía con quien expresarlo. Debería habérselo contado, igual que ella lo estaba diciendo. Pero ya no había vuelta atrás, ahora se ha propuesto no pensar más en él, y poco a poco lo va consiguiendo, o al menos eso es lo que espera.

- ¿Dónde están tus amigos?
- No lo se - dice moviendo la cabeza a ambos lados - Voy a llamar a Ainhoa, así nos ponemos ya a la cola con ella, ¡vaya cantidad de gente que hay, y solo son las 10 de la mañana!
- Madre mía, pero ¿desde cuando lleva aquí tu amiga?
- De madrugada me puso un Whatsapp diciendo que ya se venía para aquí, y que su primo llegaría a la hora del concierto más o menos, porque no nos dejan entrar siendo menores si no es acompañado de un adulto, ya sabes.
- Bueno anda, tendré que cuidaros yo... - contesta con gesto pesaroso aunque con una sonrisa en la cara - ¡Llámala venga!

Diez minutos después ya estaban colocadas en una fila interminable de adolescentes. Sin duda aquellas jovencitas no tenían problemas para madrugar, ¡seguro que para ir al instituto se les pegaban más las sábanas! De todas maneras todo el mundo tuvo esa edad en la que ir a un concierto era lo mejor que te podía pasar, cuando contabas los minutos para verles, para que cantasen tu canción favorita.

- Ruth, si quieres puedes ir a dar un paseo por aquí cerca, ¡hay sitios muy bonitos por aquí!
- Sí tata, nosotras nos quedaremos aquí, no te preocupes que no nos vamos a mover - Carla instantáneamente mira a las dos chicas de detrás desafiante, aunque luego sonríe - pero por favor, vuelve para la comida, y tráenos unas hamburguesas del Mc Donald's o algo así.
- Como sois ¿eh? Bueno, os lo traeré, pero porque es un día especial. ¡Portaros bien!

Y diciendo eso se dio media vuelta y se fue. Le apetecía despejarse un poco, un Cola Cao bien caliente no le vendría nada mal. Ve una cafetería justo enfrente y decide entrar, el sitio era muy elegante, pero a la vez acogedor, seguro que era perfecto para un desayuno relajante.
Un camarero muy majo la atendió, y le dejó su pedido sobre la mesa. Sacó su móvil y tras comprobar que todo estaba en orden volvió a guardarlo.
Por mucho que quería dejar de pensar en su vida anterior, en antes de irse, no podía. No paraba de preguntarse ''¿Y si yo no me hubiese ido?'' Y como una vez escuchó en Cartas a Julieta, las palabras ''y si'' juntas nunca traen nada nuevo. Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos por un apuesto joven, de ojos preciosos y una sonrisa que a cualquiera volvería loca. ¡Se había sentado en su mesa!
- ¿¡Quién eres?! ¿Que narices haces en mi mesa?
- Tranquila, siento si te he asustado. Soy Enrique Álvarez, pero me puedes llamar Kike.
- ¡Me da igual tu nombre! Vete de mi mesa - contesta radicalmente.
- Venga por favor, te invito a desayunar. Si después no quieres saber nada de mi, me voy.
- Pero vamos a ver, ¡que no te conozco de nada chaval!
- Estás tan aburrida como yo. Un poco de conversación no le viene mal a nadie... - Tras decir estas palabras, vuelve esa sonrisa que no dejaba indiferente a nadie.
- Está bien, pero tienes que cumplir lo que me has dicho.

Y así comenzaron una conversación tras otra, acompañada de muchas carcajadas y un rico desayuno que, desde luego, los dos necesitaban. No hizo falta que Kike cumpliese su promesa, ¡ella no se lo pidió! Tan bien se lo estaban pasando que no se dio cuenta de la hora que era, y tuvo que irse corriendo al Mc Donald's a llevarles la comida a las dos jóvenes.

Se lo pasaban bien juntos, de eso no había duda. Le acababa de conocer, sí, pero siempre hubo un primer día con la persona que más quieres en el mundo ¿no? Pasearon, hablaron mucho, tanto uno como otro. Los dos salían de relaciones ''complicadas'', y a Ruth sobre todo le vino muy bien aquella conversación. Necesitaba desahogarse con alguien que no fuese su diario. Ahora él sabía lo que nadie más sabía. ¿Se puede confiar en alguien al que has conocido de una manera tan brusca de esa manera? La respuesta es un rotundo no, pero quería conocer gente, relacionarse con alguien más, ¿por qué el no podía ser el indicado?

- ¡Mierda! El concierto.
- ¿A que hora empezaba?
- En 45 minutos tenemos que estar dentro, ¿estamos muy lejos? No soy de aquí...
- No tranquila, yo te guío.
- ¡Gracias! Oye, ¿por qué no vienes con nosotras? ¡Me hará falta a alguien más para controlar a la peque!
- Bueno... Sí, ¿por qué no?
- Pues apresurémonos, y te compras una entrada - dice con una gran sonrisa tirando de su brazo.

Y así fue como empezó una bonita amistad que quizás pudiese acabar en algo más. Para eso aún no pueden encontrar una respuesta. Lo único que pueden saber en estos momentos, es que en aquella cola llena de adolescentes nerviosas, ocurrirá algo que probablemente cambie todo lo que Ruth estuvo pensando durante esas horas junto a Kike.

NOTA: ¿Qué creéis que ocurrirá? ¡Deja tu comentario diciéndomelo! :D



No hay comentarios:

Publicar un comentario