sábado, 22 de marzo de 2014

Capítulo 2: Nos vemos en el camino

Querido diario:
Sabía que volver haría que los recuerdos volviesen a mi cabeza, pero no de esta manera, cada ligar, cada rincón tiene algo suyo. Parece que cuanto más quiero olvidarme de él, más alto suena en mi cabeza, no me deja en paz, está en cada lugar de mi mente. Es culpa mía, lo sé. Quiero volver a encontrarme con él, a pesar de que nos prometidos no volver a vernos. Pero lo necesito, puede que se haya olvidado de mi, llevo ya mucho tiempo fuera, pero tengo que verle, decirle que me da igual que él ya no me quiera, yo sigo haciéndolo como el primer día, nada ha cambiado en mis sentimientos. De todas maneras, ¿qué cambiaría eso? Probablemente nada, pero yo lograría desahogarme. Por otro lado, tampoco se donde encontrarle, puede que ni siquiera esté en España, quizás haya rehecho su vida lejos de aquí. Somos jóvenes, es fácil huir y olvidarse de todo. 
Me tengo que ir ya, luego seguiré escribiéndote.

(Una hora más tarde)

- Hola...
- Pero... ¿Que haces tú aquí? ¿Cómo me has... encontrado? - su voz se entrecorta, muy confusa.
- He vuelto por Navidad, y... Necesitaba verte, ser sincera contigo, decirte que no te he olvidado.
- ¿Vuelves ahora? ¿Sin haberme llamado ni una sola vez en todos estos meses?
- ¡No lo prometimos! He tenido el teléfono tantas veces en la mano, con tu contacto seleccionado. Pero no me atreví, pensé que sería mucho peor para los dos - dice mientras sus ojos comienzan a llenarse de lágrimas - te sigo queriendo, mucho, puede que incluso demasiado, necesitaba decírtelo Marco, que al menos supieses que no he logrado olvi... - su voz se corta por completo. Detrás de aquel chico del que está locamente enamorada aparece una joven probablemente de su edad. Simplemente está cubierta por una camisa que rápidamente adivina, es del chico - Siento haber interrumpido - finaliza la conversación justo antes de salir corriendo, sin poder evitar que las lágrimas recorran cada centímetro de sus ojos.
- ¡Ruth!
Pero ella ya no escucha nada, sólo comprende que ha perdido su oportunidad por conseguir ser lo que siempre quiso, lo que soñó desde pequeña. Le entiendo, sabe que no tiene derecho a aparecer ahora después de tanto tiempo.

- ¡¡Ruth!!  ¿Qué te ocurre?

Abre los ojos y se da cuenta de la realidad, todo fue un mal sueño. Sin embargo se da cuenta de la cruda realidad, nada volverá a ser como antes, no quiere que ocurra lo que hace un momento ha pasado en su mente, no sería capaz de soportarlo. Tiene que comenzar a vivir de nuevo, tiene que saber que ese tren ya ha pasado, darse nuevas oportunidades, conocer más gente, porque duela más o menos, la vida sólo se vive una vez.

Querido diario:
Ya es de madrugada, sin embargo, no puedo dejar pasar más tiempo. Carla me ha despertado de un sueño horrible, él estaba con otra, me había sustituido. Es lógico, no tengo derecho a pedirle nada. Sólo quería que supieses que se acabó, a partir de hoy vuelvo a ser la misma de siempre, quiero conocer gente, quiero vivir sin ataduras. Marco (al que a partir de hoy llamaré por su nombre real ''Marcos'') no volverá a interponerse entre la felicidad y yo.

domingo, 2 de marzo de 2014

CAPÍTULO 1: Nos vemos en el camino

Querido diario: 
Mi vida en Londres no está siendo como yo esperaba, echo de menos a alguien con quien reír, hablar, e incluso discutir. Llevo tan sólo un mes y medio aquí, y aunque es cierto que he echo muchos amigos, sigo sin acostumbrarme a no poder hablar con Carla todos los días, ¡aunque sea por Skype! Ella me dice que todo está bien, que no hay ningún problema en su vida. Sin embargo, mi hermana Rocío me ha comentado ya en alguna ocasión, incluso antes de que me fuera, que sus calificaciones han bajado desde el inicio de curso. Seguro que le ocurre algo, sin ninguna duda hablaré con ella en cuanto la vea.
En cuanto a él, no se absolutamente nada desde la última vez. Nos propusimos evitar todo tipo de contacto, y lo estamos consiguiendo, total ¿para qué? Serían pocas las veces que nos veríamos, y supusimos que lo mejor sería darnos la oportunidad de conocer a más gente.

Todo lo que le pasaba lo escribía ahí, en su pequeño baúl de los recuerdos, de sus secretos más íntimos y mejor guardados. ¡Cuántas veces a reído y a llorado con él! Si alguien supiese de su existencia se darían cuenta de cómo es en realidad. Nunca ha llegado a ser la fea de la clase, pero tampoco la guapa. En cuanto ella le preguntaba si la veía guapa, siempre tenía la misma respuesta: ''Eres bonita, cielo''
Ruth no lo soportaba, ¿acaso la estaba llamando fea? 'Probablemente' pensaba.
Siempre se consideró de menos, como alguien que solo podía dar buenos consejos a la gente y que, aunque aún nadie lo sabía, no era capaz de controlar su propia vida.
Los días en Londres eran oscuros, lluviosos y aburridos, pero eso le servía para estar más centrada en los estudios. El idioma no era un problema, desde pequeña ha hablado inglés casi a la perfección, y con el tiempo fue mejorando su nivel hasta tenerlo dominado por completo. Sus calificaciones eran muy altas, no había prácticamente ninguna distracciones, y los compañeros de facultad estaban demasiado ocupados como para pasar alguna que otra tarde divertida junto a ella.

''Tan sólo cuatro días y dos exámenes me separa de mi casa'' Con ese pensamiento en la cabeza, logró tomar aquel avión con destino al aeropuerto de Barajas para poder estar con su familia en Navidad. ¡Qué época más bonita! Recuerda las anteriores mientras vuela de regreso a su hogar. Tan sólo su diario sabía que aquel 25 de diciembre su vida cambió por completo. En aquel momento, no se podía imaginar que trescientos sesenta y cinco días después iba a estar en Londres, ni que todo habría cambiado tanto. Todo ocurrió muy deprisa, iba caminando sola como siempre solía hacerlo por el parque de su pueblo, con su música a todo volumen, relajada, cuando algo negro le cubrió lo vista y unas manos la sujetaban. A pesar de su resistencia, lograron meterla en lo que interpretó como un coche. De pronto, el vehículo frenó, y la puerta que tenía justo delante se abrió y tras desatarse las manos, logró quitarse la venda de los ojos. Justo debajo de sus pies había un pequeño papel, en el que ponía ''Puedes entrar y saber lo que te espera, o correr hacia el otro lado preguntándote si te estás equivocando. Tú decides'' Cualquier persona normal abría girado la cabeza, haberse desentendido de todo, y huir de aquello que ella interpretaba como un secuestro. Sin embargo, camino en dirección a aquella pequeña casita de madera que se encontraba justo en frente de ella. Si le estaban dejando la opción, era porque nada malo querían hacerle, de lo contrario, no se permitirían el lujo de que pudiese irse.
El interior era una de las cosas más bonitas que había visto nunca, muy acogedor, tanto que te hacía estremecer. Al levantar la vista, lo encontró allí, sentado en paralelo a la chimenea, sin percatarse de su presencia. Cuándo se dio cuenta de que estaba allí, comenzó a caminar hasta llegar a su lado.

- Hola.
- ¡Hola! ¿Por qué no me has dicho que eras tú desde el principio? Me he llevado un buen susto.
- Lo sé, pero sabía que ibas a entrar.
- ¿Que habría pasado si no lo hubiese hecho?
- ¿Si hubieses huido? No lo sé, no lo contemplé como una opción. Bueno, ¿te gusta el regalo de ''Navidad - aniversario'' que te he preparado?
- Ya llevamos tres meses... Parece increíble con lo mal que me caías al principio.
- Era mutuo y lo sabes - dice que una sonrisa en la cara mientras le rodea el cuello con los brazos.

Aquella no era la primera vez que se entregaban el uno al otro, pero sí el primer ''te quiero'' por parte de ambos. Siempre habían interpretado su relación como algo pasajero, algo que no llegaría a nada, sin embargo, aquel 25 de diciembre de hace doce meses, hizo que aquello que ellos interpretaban como un ''nada'' acabase siendo un ''todo'' para los dos.