Hoy es el día. Adiós a todo de nuevo, pero con una diferencia, cuando vuelva, me estará esperando en el aeropuerto. ¿Cómo se tomará Carla mi decisión? No lo se… Pero ahora mismo iré a hablar con ella, no puedo irme sin antes haber dejado las cosas claras con ella.
- Carla, tengo que hablar contigo.
- Si vas a despedirte, por favor, aún no lo hagas.
- No, no es eso. Sólo necesito que me prometas una cosa. Nunca, por muchas cosas que pasen, olvides que te quiero. Que más que mi sobrina, eres mi hermana. Formas parte de mi ¿sabes?
- Te lo prometo.
- Verás, hace ya mucho tiempo, conocí a una persona, con la que estuve saliendo. Nunca te conté nada porque ya sabes como soy, no me gusta hablar de mis cosas y, bueno, cuando yo me fui, ambos lo pasamos muy mal. Pero la vida nos dio una segunda oportunidad. Y nos queremos. Nos queremos tanto que a veces duele.
- ¿Le conozco? – Parecía muy emocionada.
- Sí, y esta es la parte que menos te va a gustar. Él es… Bueno, el es Raúl.
- ¿Pe…?
- Lo se, tenía que habértelo dicho antes, pero compréndeme, jamás me podía imaginar que te iba a gustar un chico tan mayor.
- ¿Vas a seguir con él a pasar de que yo también le quiero?
- No es algo que yo pueda controlar. No puedo irme así otra vez. Entiéndeme por favor.
- ¿Por qué él nunca me lo dijo? Me había hablado de otra chica, de alguien por quien había sufrido mucho, pero pensé que ya lo había olvidado, creía que tenía una oportunidad con él.
- Te juro que lo siento, y que si las cosas fuesen de otra manera, haría todo lo que estuviese en mi mano para que no sufrieras, pero no puedo luchar contra esto, te juro que no puedo.
- Está bien. No puedo recriminarte nada. No esperes que te apoye, ni que te diga que no me importa. Me gustaba de verdad ¿sabes? Pensé que por fin podría vivir una bonita historia. Pero si de verdad os queréis, no tengo nada que hacer. Eres como mi hermana, no quiero perderte.
- Gracias Carla. Te prometo que va a llegar esa persona. Eres increíble, es imposible no quererte.
- No quiero seguir hablando de esto.
- ¿Me ayudas a terminar de hacer la maleta?
- Vale.
Las dificultades se superan, por muy difícil que sea el camino. ‘Nunca ha llovido que no parase’. Y es que después de todo, cada cosa, hasta la más insignificante, sea buena o mala, se acaba. Ahora sólo le faltaba la parte más complicada. Separarse de todo aquello a lo que tanto quería, y esta vez, durante mucho, mucho más tiempo.
martes, 26 de agosto de 2014
jueves, 21 de agosto de 2014
CAPÍTULO 6: Nos vemos en el camino.
Querido diario:
Creo que el ser humano quiere hacerse daño a si mismo. O quizás sea la vida, el destino, o simplemente las casualidades las que lo cambian todo y te guían por otro camino. Le quiero, y lo sé, pero a pesar de ello, la distancia lo estropea siempre todo. Tengo que volver, sabes que no puedo abandonar ahora, y él tampoco.
No me he atrevido a decirle nada a Carla, aún a sabiendas de que Raúl es el chico que le gusta. ¿No había nadie más en el mundo? Él me quiere a mi, pero yo... Siento que la estoy traicionando. No sé como puede reaccionar, ella me quiere como a una hermana, y yo también, pero a su edad, un desengaño amoroso, aunque él no le haya dado ningún tipo de esperanzas puede ser muy problemático.
De todas maneras, mañana tengo que disfrutar como nunca lo he hecho. Es mi cumpleaños, y quiero pasar el día con él, en 48 horas, estaré tomando de nuevo un avión hacia Londres, y lo más probable es que todo vuelva a romperse, y quién sabe si definitivamente. Por hoy me despido, me voy a dormir ya.
Comenzó a preparar la cama, se recogió el pelo como siempre hacía antes de acostarse, con una toallita desmaquilladora se quitó la fina capa de maquillaje que llevaba, un poquito de crema a la cara, y a dormir.
Cuando ya estaba a punto de cerrar los ojos, su teléfono móvil vibró. ‘’Hola, ¡¡felicidades!! ¿He sido el primero? Espero que nos veamos pronto, la verdad es que me lo he pasado muy bien el otro día contigo, y me gustaría que volviésemos a quedar. Descansa princesa.’’ ‘’¡Muchas gracias! Sí, has sido el primero. Buenas noches, y de nuevo, ¡gracias!’’ Siempre tan atento y servicial. Se habían visto más veces desde el concierto, y si no existiese Raúl, sería el novio perfecto.
Un golpe en la ventana la sorprende de repente. ¿Qué sería eso? Un pájaro, probablemente. Pero segundos más tarde, escuchó otro, y otro más, seguido del anterior. Se levantó de la cama, y tras asomarse a la ventana, allí estaba él. Eso es lo que le diferencia del resto, es lo que le hace único y especial, como aquel día de la casita. Ni siquiera esperó a que ella le abriese la puerta, en menos de un minuto, trepó hasta el segundo piso donde se encontraba ella. - ¡Feliz cumpleaños pequeña!
- Estás loco – dijo acompañándolo de un apasionado beso.
- Puede, pero tu regalo de cumpleaños no podía esperar más. Bueno, en realidad era yo el que no podía esperar a dártelo. – contestó sacando un pequeño paquetito perfectamente envuelto – Espero que te guste.
Comenzó a abrirlo con la delicadeza que el envoltorio requería. Una caja rosa claro, tenía una pequeña nota en su tapa ‘’Para alguien especial’’. Al abrirla, se encontró con una pulsera, una de las más bonitas que había visto jamás. Antes de que ella pudiese decir nada, Raúl se adelantó.
- Sabes que a mi no me gustan los compromisos, pero no me va a volver a pasar lo de la otra vez. La vida nos ha dado otra oportunidad, y no voy a volver a ser tan cobarde. Una de las cosas que tengo claras en la vida, es que quiero que tú estés en ella. Me da igual si es aquí, en Londres, o en la Conchinchina. Y esta pulsera es un símbolo de ello. No quiero anillos, no estamos preparados para casarnos, pero sí, o al menos así lo creo yo, para prometer que nos vamos a querer. La distancia no pudo con mis sentimientos una vez. Ahora te pido que seas completamente sincera, ¿pudo con los tuyos?
- Han sido meses muy duros Raúl. Por supuesto que no ha podido con ellos. Me has dejado sin palabras, yo… ¿Crees que podremos soportarlo? Son demasiados meses, pueden aparecer personas, y yo no quiero que estés atado a mí.
- ¿Le concedemos a la vida la ilusión de intentarlo?
Creo que el ser humano quiere hacerse daño a si mismo. O quizás sea la vida, el destino, o simplemente las casualidades las que lo cambian todo y te guían por otro camino. Le quiero, y lo sé, pero a pesar de ello, la distancia lo estropea siempre todo. Tengo que volver, sabes que no puedo abandonar ahora, y él tampoco.
No me he atrevido a decirle nada a Carla, aún a sabiendas de que Raúl es el chico que le gusta. ¿No había nadie más en el mundo? Él me quiere a mi, pero yo... Siento que la estoy traicionando. No sé como puede reaccionar, ella me quiere como a una hermana, y yo también, pero a su edad, un desengaño amoroso, aunque él no le haya dado ningún tipo de esperanzas puede ser muy problemático.
De todas maneras, mañana tengo que disfrutar como nunca lo he hecho. Es mi cumpleaños, y quiero pasar el día con él, en 48 horas, estaré tomando de nuevo un avión hacia Londres, y lo más probable es que todo vuelva a romperse, y quién sabe si definitivamente. Por hoy me despido, me voy a dormir ya.
Comenzó a preparar la cama, se recogió el pelo como siempre hacía antes de acostarse, con una toallita desmaquilladora se quitó la fina capa de maquillaje que llevaba, un poquito de crema a la cara, y a dormir.
Cuando ya estaba a punto de cerrar los ojos, su teléfono móvil vibró. ‘’Hola, ¡¡felicidades!! ¿He sido el primero? Espero que nos veamos pronto, la verdad es que me lo he pasado muy bien el otro día contigo, y me gustaría que volviésemos a quedar. Descansa princesa.’’ ‘’¡Muchas gracias! Sí, has sido el primero. Buenas noches, y de nuevo, ¡gracias!’’ Siempre tan atento y servicial. Se habían visto más veces desde el concierto, y si no existiese Raúl, sería el novio perfecto.
Un golpe en la ventana la sorprende de repente. ¿Qué sería eso? Un pájaro, probablemente. Pero segundos más tarde, escuchó otro, y otro más, seguido del anterior. Se levantó de la cama, y tras asomarse a la ventana, allí estaba él. Eso es lo que le diferencia del resto, es lo que le hace único y especial, como aquel día de la casita. Ni siquiera esperó a que ella le abriese la puerta, en menos de un minuto, trepó hasta el segundo piso donde se encontraba ella. - ¡Feliz cumpleaños pequeña!
- Estás loco – dijo acompañándolo de un apasionado beso.
- Puede, pero tu regalo de cumpleaños no podía esperar más. Bueno, en realidad era yo el que no podía esperar a dártelo. – contestó sacando un pequeño paquetito perfectamente envuelto – Espero que te guste.
Comenzó a abrirlo con la delicadeza que el envoltorio requería. Una caja rosa claro, tenía una pequeña nota en su tapa ‘’Para alguien especial’’. Al abrirla, se encontró con una pulsera, una de las más bonitas que había visto jamás. Antes de que ella pudiese decir nada, Raúl se adelantó.
- Sabes que a mi no me gustan los compromisos, pero no me va a volver a pasar lo de la otra vez. La vida nos ha dado otra oportunidad, y no voy a volver a ser tan cobarde. Una de las cosas que tengo claras en la vida, es que quiero que tú estés en ella. Me da igual si es aquí, en Londres, o en la Conchinchina. Y esta pulsera es un símbolo de ello. No quiero anillos, no estamos preparados para casarnos, pero sí, o al menos así lo creo yo, para prometer que nos vamos a querer. La distancia no pudo con mis sentimientos una vez. Ahora te pido que seas completamente sincera, ¿pudo con los tuyos?
- Han sido meses muy duros Raúl. Por supuesto que no ha podido con ellos. Me has dejado sin palabras, yo… ¿Crees que podremos soportarlo? Son demasiados meses, pueden aparecer personas, y yo no quiero que estés atado a mí.
- ¿Le concedemos a la vida la ilusión de intentarlo?
domingo, 10 de agosto de 2014
CAPÍTULO 5: Nos vemos en el camino.
Querido diario:
Muchas veces no nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que no lo echamos en falta. Probablemente esto es algo que a mi no me sirve. Yo creía que ya estaba recuperada, a pesar de que hacía tan solo una semana que había tomado la determinación de olvidarme de todo, ya había pasado página, o al menos eso pensaba yo. Las horas aquel día con Kike fueron tan especiales que logró que me evadiese de la realidad. Nuestro encuentro había sido tanto extraño como divertido, o mejor dicho, como bien había apuntado Carla, ''vosotros dos estáis destinados a estar juntos, en todas las películas en las que alguien se encuentra así, acaban viviendo una bonita historia de amor, 'igual que en Canciones para Paula' ''
Tenía razón, aquel libro nos había marcado de por vida a las dos, nos hizo pensar de otra manera, que a veces no todo sale como esperamos, pero se puede tirar hacia delante, y el destino, de alguna manera o de otra hará que encuentres la felicidad al final del camino. Pero mi pregunta ahora es: ¿Seré yo como Paula? La respuesta es seguramente no. Han ocurrido una serie de sucesos en mi vida que hacen que piense que jamás llegaré a tener una estabilidad con una persona. Y es que aquel día del concierto, ocurrió algo que, al igual a Paula, me cambió la vida.
Esquemas rotos y vuelta a la realidad, a la extrañeza de siempre. Aquella pequeña burbuja que se había creado, o que al menos Ruth pensaba que se había creado, explotó de repente dejándolos a la intemperie, sin protección. Ya no estaban solos, ahora había más gente, pero sólo los ojos de uno. Para ella fue como una puñalada en el corazón, aunque también un aliento de aire fresco. Le hacía daño y sin embargo se sentía bien. El corazón le palpitaba a una velocidad que jamás se podría haber imaginado. Poco a poco el dolor se fue quitando, dejando paso a una alegría inimaginable, a algo que había sentido pocas veces, y que sólo una persona fue capaz de hacer que la sintiese.
Se acercaron, cada vez más. Se alejaron del grupo sin que nadie los observase, ni siquiera sus acompañantes se dieron cuenta de su ausencia. No podían hablar sólo mirarse a los ojos. Probablemente ninguno de los dos sabía que estaban pensando el uno del otro, solo se contemplaban como si jamás lo hubiesen hecho. No hubo besos, no hubo pasión, tan solo sentimientos que flotaban por aquella sala en la que miles de adolescentes cantaban al unísono las canciones del grupo de moda. Pero ellos no escuchaban nada. Ruth pasó de estar en una burbuja con una persona, a estar en otra con alguien que pensó que jamás volvería a ver.
- Si fueses consciente de cuento te he echado de menos y lo culpable que me he sentido todo este tiempo, Raúl...
- La decisión fue de los dos, no fue solo culpa tuya. Pensamos que no nos volveríamos a ver...
- 'Y el destino nos juntó de nuevo'. Eso decías tú siempre.
- Sí. ¿Volverás a Londres? - dijo mientras se acomodaba en uno de los sillones de la parte trasera de la sala, a su lado Ruth también lo hacía.
- En tres semanas estaré de vuelta.
- Y ¿qué tal los estudios?
- Bien, me ha costado pero ya estoy otra vez aquí. En realidad aquello no es como yo me esperaba. Echo de menos muchas cosas de aquí.
- ¿Has encontrado a alguien especial? Quiero decir, ¿hay alguien que ya ha ocupado el lugar que me pertenecía?
- Nadie podrá ocupar nunca tu lugar. Siempre estarás ahí, de alguna manera o de otra. A veces no se necesita estar con alguien para recordarlo durante toda la vida. Hace tan solo unos meses se me hacía imposible la vida sin ti, no creo que haya una sola persona en el planeta tierra que haga que ese sentimiento desaparezca, pasará más gente, tendré más relaciones, y muy probablemente te vea a ti pasear y ser feliz junto a otras personas, pero no quiero que nada ni nadie me haga olvidar aquel tiempo que pasé contigo, puedes entender eso ¿verdad? - Tras unos segundos de silencio y miradas intensas continuó - Y tú ¿has encontrado ya a alguien?
- Sí, he estado con otras chicas, pero ahora mismo no tengo pareja ni nada parecido. No me llenaban como persona.
- ¿Crees que algún día encontraremos a esa persona?
- Yo la tengo justo enfrente de mi.
¿Y qué le podía responder a eso? Se habían echo tanto daño el uno al otro sin desearlo... La decisión que tenía por delante no era fácil, y aún así, lo tenía claro. Quería volver a sentir aquello de hace tan solo unos meses. Le daba igual la distancia, los contratiempos, todo, porque en ese momento, al levantar la vista y mirarle a los ojos se dio cuenta de por qué se había enamorado de él.
Pero, y a pesar de todo eso, sabía que tenía fecha de caducidad, y quien sabe si antes de lo que se esperaba.
Muchas veces no nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que no lo echamos en falta. Probablemente esto es algo que a mi no me sirve. Yo creía que ya estaba recuperada, a pesar de que hacía tan solo una semana que había tomado la determinación de olvidarme de todo, ya había pasado página, o al menos eso pensaba yo. Las horas aquel día con Kike fueron tan especiales que logró que me evadiese de la realidad. Nuestro encuentro había sido tanto extraño como divertido, o mejor dicho, como bien había apuntado Carla, ''vosotros dos estáis destinados a estar juntos, en todas las películas en las que alguien se encuentra así, acaban viviendo una bonita historia de amor, 'igual que en Canciones para Paula' ''
Tenía razón, aquel libro nos había marcado de por vida a las dos, nos hizo pensar de otra manera, que a veces no todo sale como esperamos, pero se puede tirar hacia delante, y el destino, de alguna manera o de otra hará que encuentres la felicidad al final del camino. Pero mi pregunta ahora es: ¿Seré yo como Paula? La respuesta es seguramente no. Han ocurrido una serie de sucesos en mi vida que hacen que piense que jamás llegaré a tener una estabilidad con una persona. Y es que aquel día del concierto, ocurrió algo que, al igual a Paula, me cambió la vida.
Esquemas rotos y vuelta a la realidad, a la extrañeza de siempre. Aquella pequeña burbuja que se había creado, o que al menos Ruth pensaba que se había creado, explotó de repente dejándolos a la intemperie, sin protección. Ya no estaban solos, ahora había más gente, pero sólo los ojos de uno. Para ella fue como una puñalada en el corazón, aunque también un aliento de aire fresco. Le hacía daño y sin embargo se sentía bien. El corazón le palpitaba a una velocidad que jamás se podría haber imaginado. Poco a poco el dolor se fue quitando, dejando paso a una alegría inimaginable, a algo que había sentido pocas veces, y que sólo una persona fue capaz de hacer que la sintiese.
Se acercaron, cada vez más. Se alejaron del grupo sin que nadie los observase, ni siquiera sus acompañantes se dieron cuenta de su ausencia. No podían hablar sólo mirarse a los ojos. Probablemente ninguno de los dos sabía que estaban pensando el uno del otro, solo se contemplaban como si jamás lo hubiesen hecho. No hubo besos, no hubo pasión, tan solo sentimientos que flotaban por aquella sala en la que miles de adolescentes cantaban al unísono las canciones del grupo de moda. Pero ellos no escuchaban nada. Ruth pasó de estar en una burbuja con una persona, a estar en otra con alguien que pensó que jamás volvería a ver.
- Si fueses consciente de cuento te he echado de menos y lo culpable que me he sentido todo este tiempo, Raúl...
- La decisión fue de los dos, no fue solo culpa tuya. Pensamos que no nos volveríamos a ver...
- 'Y el destino nos juntó de nuevo'. Eso decías tú siempre.
- Sí. ¿Volverás a Londres? - dijo mientras se acomodaba en uno de los sillones de la parte trasera de la sala, a su lado Ruth también lo hacía.
- En tres semanas estaré de vuelta.
- Y ¿qué tal los estudios?
- Bien, me ha costado pero ya estoy otra vez aquí. En realidad aquello no es como yo me esperaba. Echo de menos muchas cosas de aquí.
- ¿Has encontrado a alguien especial? Quiero decir, ¿hay alguien que ya ha ocupado el lugar que me pertenecía?
- Nadie podrá ocupar nunca tu lugar. Siempre estarás ahí, de alguna manera o de otra. A veces no se necesita estar con alguien para recordarlo durante toda la vida. Hace tan solo unos meses se me hacía imposible la vida sin ti, no creo que haya una sola persona en el planeta tierra que haga que ese sentimiento desaparezca, pasará más gente, tendré más relaciones, y muy probablemente te vea a ti pasear y ser feliz junto a otras personas, pero no quiero que nada ni nadie me haga olvidar aquel tiempo que pasé contigo, puedes entender eso ¿verdad? - Tras unos segundos de silencio y miradas intensas continuó - Y tú ¿has encontrado ya a alguien?
- Sí, he estado con otras chicas, pero ahora mismo no tengo pareja ni nada parecido. No me llenaban como persona.
- ¿Crees que algún día encontraremos a esa persona?
- Yo la tengo justo enfrente de mi.
¿Y qué le podía responder a eso? Se habían echo tanto daño el uno al otro sin desearlo... La decisión que tenía por delante no era fácil, y aún así, lo tenía claro. Quería volver a sentir aquello de hace tan solo unos meses. Le daba igual la distancia, los contratiempos, todo, porque en ese momento, al levantar la vista y mirarle a los ojos se dio cuenta de por qué se había enamorado de él.
Pero, y a pesar de todo eso, sabía que tenía fecha de caducidad, y quien sabe si antes de lo que se esperaba.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)