viernes, 11 de abril de 2014

CAPÍTULO 4: Nos vemos en el camino

- ¿Todavía no ha llegado tu primo?
- No, me acaba de llamar. Le ha surgido un asunto muy urgente en la universidad, y me ha dicho que llegará justo a la hora del concierto. El problema es que no se si me dejarán entrar sin él, y menos aún conseguir la primera fila.
- No te preocupes, mirad os presento a Kike. Iba a acompañarme a mi en el concierto, así que no tranquila, si tu primo no llega cuando abran las puertas, entrará el como tu acompañante. ¿Te parece bien?
- ¡Claro que le parece bien! - contesta Carla sin darle opción a su amiga - Encantada de conocerte Kike.
- ¡Igualmente! Os hemos traído la comida, así no perderéis el sitio.
- Gracias - responden cogiendo la bolsa correspondiente.
- Yo me voy a comer algo - dice Ruth al poco tiempo - esperadme todos aquí por favor.
- ¿No quieres que te acompañe?
- Prefiero que no, no sabemos exactamente a que hora abrirán las puertas, y no quiero que pierdan el sitio. Puedes tomarte tú la comida que me había comprado para mí.

Él asiente con la cabeza con una sonrisa. Probablemente no le haya visto aún sin sonreír, tiene un rostro que transmite positividad. Le gusta y le atrae, eso no es discutible, por eso necesitaba evadirse de todo, sentarse en una mesa y desahogarse con su compañero de viaje, aquel que la conoce como nadie. No era una persona, no le podía aconsejar nada, sin embargo, la hacía sentir liberada.

Querido diario:
¿Crees que puede alguien ocupar el puesto de otro? Llevo muchos meses pensando que no, que eso que dicen de que 'un clavo saca otro clavo' no estaba hecho para nosotros dos, y ahora, en tan solo una mañana, Kike me ha hecho darme cuenta de que quizás estuviese ciega. Sabe mis secretos, sabe todo o que he sufrido, y lo que he reído, y no ha salido corriendo. Él tampoco ha tenido una vida fácil, mucho menos estos últimos meses. Es como si me hubiese hecho reaccionar, despertar de ese coma sentimental en el que estaba sumida. No me permitía a mi misma conocer a más personas, lo único que hacía era lamentarme con lo que podía haber sido, y por capricho del destino no había podido ser.
De todas maneras, y aunque cambie la persona, sigue habiendo un problema: Londres. Quien le iba a decir a aquella niña de cinco años que un día fui y decidió mi futuro que esa decisión que estaba tomando iba a traerme tanto sufrimiento. ¡Que injusta es la vida! ¿Por qué me tiene que pasar esto a mi? Quisiera dar marcha atrás en el tiempo y conocer a algún chico de mi universidad. Todo sería fácil, sin complicaciones. De todas maneras, ni siquiera se si le gusto, puede que simplemente le caiga bien. Por otra parte, él me ha dicho que Londres es una ciudad que le encanta, y que no le importaría vivir allí, quizás si nuestra relación se fortificase... 

Sus pensamientos se ven interrumpidos por su teléfono. ¡Se le había olvidado el concierto!

- Ruth, ¿dónde estás? ¡Las puertas se abren en cinco minutos!
- Ya voy, estoy a punto de llegar, no os preocupéis.

¡Mierda! O se da prisa o no llega. Por suerte, y tras correr como nunca lo había hecho, esquivando coches y personas, con las consecuentes regañinas llegó a tiempo.
- Lo siento muchísimo, se me fue el tiempo comiendo.
- Si no hubieses llegado...
- Pero lo ha hecho Carla, no te preocupes.
- Gracias por defenderme Kike, si no conociéndola, me habría matado por el retraso.

Que emocionadas estaban las dos. Era extraño, se veía a ella misma hace tres años, ese brillo en los ojos, y sobre todo, ¡las amistades que hacías en esos momentos! Pero sus pensamientos estaban ocupados en otra cosa, o mejor dicho, en una persona. Le miraba de reojo, hasta que vio que el también lo hacía. Miradas cómplices, sonrisas y sobre todo, mucho ''feeling''. Las dos jóvenes se fueron hacia delante y ellos dos las acompañaron, aunque tampoco querían presionarlas, y mucho menos quitarles el sitio a las demás fans de aquel grupo de música. Decidieron esperar al primo de la amiga de Carla, que aún no había llegado. Salieron los teloneros, y Ruth de repente notó como dos manos la rodeaban por la espalda y una cabeza que se posaba en su hombro. Era Kike sin duda. Estaba cómoda, feliz. Hasta que de pronto, aquel chico al que estaban esperando apareció de la nada, dejando de nuevo todas sus ilusiones rotas en mil pedazos.

2 comentarios:

  1. weeeee me encanta!! Siempre me dejas con ganas de mas :P

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    1. ¡Muchas gracias! Me alegro de que te guste bonita :) Mi intención es dejaros siempre con ganas de más JAJAJAJA

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